la suerte contraria
Quique González y los sexadores de público
El voto no te define ontológicamente y limitar las relaciones a eso me parece poco democrático, lo opuesto a lo que perseguimos con la Cultura
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Lo mejor de mi trabajo es haber podido conocer a algunas de las personas más brillantes de este país, a creadores con los que, de modo natural, nunca me habría podido llegar a sentar. Porque yo soy un tipo de Valladolid y no hay grandes ... estrellas en las nieblas que bajan a este valle para aislarnos en nosotros mismos, como polvos de talco sentimentales. Uno de ellos fue Quique González, al que tuve la suerte de entrevistar hace dos años en Villacarriedo, donde residía entre guitarras, césped húmedo y un permanente olor a sobao. Su trato fue exquisito, así que resulta que no solo es el mejor letrista de España –esto lo defiendo donde haga falta– sino, además, un buen tipo. Y no solamente por cómo me trató. En ocasiones no hace falta pasar grandes temporadas con una persona para ver de qué está hecha. Basta ver cómo habla él de la gente y cómo habla la gente de él. Y el tamaño de la generosidad que muestra con otros artistas o el agradecimiento que subyace en su manera de estar en el mundo.
Pero no es perfecto. El otro día, en una entrevista de Iñako Díaz-Guerra para 'El Mundo', Quique dijo: «Me gustaría que ningún votante de Vox viniera a mis conciertos y no me da miedo perder público por decirlo. A estas alturas todo el mundo sabe que tengo ideas progresistas». Y he de decir que me parecen unas palabras profundamente desafortunadas. Y, sobre todo, muy poco progresistas. Tú puedes estar de acuerdo con Vox o no. Es sabida mi propia lejanía ideológica con ellos. Pero proponer un 'apartheid' a alguien en función de sus ideas me parece una aberración del mismo calibre que proponerlo por su credo, su orientación sexual o su raza. Lo que se critica es una idea o una actuación, no a la persona, que siempre estará por encima. Porque lo contrario es ser un salvaje, un fanático o un dogmático. El voto no te define ontológicamente y limitar las relaciones a eso me parece poco democrático y, sobre todo, lo opuesto a lo que perseguimos a través de la Cultura.
Yo no sé que le parecería a Quique González si un artista de derechas dijera públicamente que ojalá no entrara ningún 'rojo' a sus conciertos, pero ya adelanto que a mí me parecería fatal. Y exactamente eso es lo que me parece cuando el que lo propone es él y los de enfrente son otros. La gente que piensa así, sean de izquierdas o de derechas, parece aceptar solo su propia ideología. Supongo que creen que los que no piensan como ellos son malas personas o simplemente idiotas. Y hay que enseñarles que no pasa nada por pensar diferente, que la libertad política es un derecho para todos y no solo para los que opinan lo mismo que él. Y sexar espectadores en función de su voto es exactamente lo que propondrían los nazis.
Mira, Quique, hay gente fantástica que vota a Vox. Otra no tanto. Sucede lo mismo con el resto de partidos. Pero, en realidad, lo que vote la gente da igual. Esto va de humanidad y, sobre todo, de libertad. Y cuanto más te moleste la de los demás, más necesario es que la defendamos.
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