LA SUERTE CONTRARIA
Calígula pacta con Nerón
Esta es la indignidad histórica de un partido, el socialista, que abandona definitivamente el espíritu del 78, la Transición y los mas elementales principios democráticos para entregarse al delirio colectivo
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Si a Sánchez se le ha puesto la cara -y las formas- de Nicolás Maduro, Carles Puigdemont parece haber completado su metamorfosis en Phil Spector, aquel productor musical estrafalario y seguramente desequilibrado que controló, durante décadas, los hilos de la industrial musical. Así que, ... entre esas dos cumbres intelectuales a los mandos, la negociación ha debido de ser una especie de 'Cuando Harry encontró a Sally' pero disfrazados todos de Rey David. O mejor aún: un 'No me chilles que no te veo' entre dos personalidades extremas, mesiánicas y megalómanas que se miran el uno al otro como quien mira un espejo.
Y de ahí solo podía salir lo que ha salido, claro, un documento humillante, vergonzoso y que -ojalá me equivoque- destrozará la convivencia en España por completo durante mucho tiempo. Salió a defenderlo en Bruselas Puigdemont, con una puesta en escena algo mejor que la de Santos Cerdán, al que, minutos antes, solo le faltó llorar delante de los micrófonos, que se caían como pidiendo perdón, como si hubieran decidido independizarse de la acción principal y se negaran a amplificar tanta vergüenza.
El resultado es algo así como si Calígula, que llegó a hacer cónsul a su caballo, pactara con Nerón, el emperador que, mientras Roma ardía, se dedicaba a tocar la cítara. Así, Puigdemont hablaba de las «víctimas de la guerra brutal del Estado español con el independentismo» y dejaba claro que «la persecución de nuestra lengua, nuestra cultura y nuestras instituciones es desde hoy un relato compartido». Compartido entre ellos y el PSOE, se entiende. Entre las dos patas de una misma deficiencia. Posteriormente nos comunicaba que lo pactado entre el PSOE -segunda fuerza de España- y ellos -quinta fuerza de Cataluña- va mucho más allá de lo publicado, desvelando que el mediador internacional no solo existe sino que su nombre está acordado y se reunirá con las partes -entiendo que de igual a igual, para que la humillación sea total-, en noviembre y fuera de España. Este punto, que pasa desapercibido entre el referéndum y la amnistía, es, quizá lo más duro de aceptar de todo. Porque el resto de los acuerdos les definen solo a ellos, a dos actores irresponsables y lejanos a la democracia a los que la historia despreciará por completo. Pero esto del mediador nos apela directamente a los españoles que, según la pareja extraña que forman el populismo de izquierdas español y la ultraderecha catalana, somos una república bananera que necesita tutela extranjera porque no sabe salir adelante solo. Un pueblo bárbaro y, por supuesto, no soberano. Esta es la indignidad histórica de un partido, el socialista, que abandona definitivamente el espíritu del 78, la Transición y los mas elementales principios democráticos para entregarse al delirio colectivo con resultados de pronóstico funesto. Prometo que jamás pensé poder llegar a ver lo que estoy viendo y no comprendo que haya un solo cargo del PSOE que no rompa el carnet esta misma tarde.
Pero el prófugo -Calígula- seguía pronunciando un discurso agresivo, especialmente humillante para el PSOE y con esas ínfulas que le salen al ganador cuando está acostumbrado a perder. Así que en lugar de discreción, generosidad y elegancia miraba a la cámara para regodearse de todos con el meñique estirado. Y oiga, que se rían de su socio, me parece hasta bien. Pero que se rían de nosotros, no.
Y mientras Puigdemont eructaba, nos llegaba la noticia de un atentado a Vidal-Quadras, que sonó de repente a Calvo Sotelo. Ya tenemos todos los ingredientes. Y como la izquierda española -a los pies de Nerón- está en coma, solo cabe esperar que la derecha asuma la responsabilidad que la historia le encomienda y sepa liderar la indignación popular para llevarla hacia el único lugar que nos interesa: la convivencia, la libertad, la paz, la concordia y la estabilidad. Le toca defender -ya en solitario- la Constitución. Algo me dice que no va a ser sencillo.
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