EN OBSERVACIÓN
Qué dos Estados ni qué niño muerto
La solución para Palestina puede ser de inspiración egipcia o afgana
A ver si se matan (18/12/2023)
Que no se nos vea mucho (11/12/2023)
Habíamos dejado a José en Belén, con la Virgen y el Niño, y también junto al buey y la mula que Benedicto XVI quiso suprimir del nacimiento. En la castañera ni se fijó Ratzinger, ni en los peces en el río. María se puso ... de parto en la ciudad de David para cumplir lo que estaba escrito, circunstancia forzada por la obligación de formalizar el empadronamiento que Augusto había ordenado en Judea. Los evangelios sinópticos divergen y se contradicen a la hora de establecer el tiempo exacto de un trabajo estadístico en el que la figura de Herodes, ancestro de Netanyahu, por lo de los inocentes -ahora sociedad civil- no termina de cuadrar con la de Quirino, gobernador de Siria y gestor del padrón encargado por Roma, a su vez genuino ancestro de Tezanos, por lo de la manipulación, ahora demoscopia. Doctores tiene la Iglesia.
El caso es que José acude a Belén para echar los papeles en el registro civil de la ciudad de David, fundador de Israel, y someterse al dictado de Roma, potencia imperial y ocupa de un territorio secularmente diverso y conflictivo, como la España que en nuestra era de convivencia dice apaciguar Pedro Sánchez. El Frente de Liberación de Judea siempre fue una farsa, pero ya había por entonces en Galilea quien se planteaba la 'solución de los dos Estados', formulada de manera tan diplomática como inconsecuente por quienes 2.000 años después de todo aquello caldosean con la hipótesis de un artificio inviable, como en las últimas décadas han puesto de manifiesto los fallidos ensayos democratizadores impulsados por los aliados occidentales en Oriente Medio tras la guerra contra el terrorismo o, también a las bravas, aquellas primaveras árabes que terminaron con unas rebajas de verano cuya quema de restos se puede observar todavía en Siria o en Egipto, donde Al Sisi.
Que le pregunten a Mahmud Abbas qué tipo de Estado le gustaría construir en el pedazo de tierra que le quede tras la limpieza en seco que desde el pasado octubre lleva a cabo Israel en Gaza, y que le pregunten también por qué no convoca elecciones en una circunscripción, Cisjordania, que con todo el derecho del mundo aspira a ser una nación independiente, pero en la que el líder de la Autoridad Palestina no se atreve a poner las urnas por lo que pueda pasar con la morisma más montuna. Así lleva desde hace ya casi veinte años.
Sin entrar mucho al detalle, la 'solución de los dos Estados' está muy bien, quizá para Cataluña y Sánchez, agente censal, pero para Israel es un delirio cada vez más evidente. A la egipcia o a la siria, una autocracia con el islamismo atado en corto no estaría mal del todo; en cambio, a la afgana o a la yemení, con Hamás institucionalizado y empoderado, ya sin pasamontañas, resultaría insensato no solo para Israel, sino para todo Occidente. Conviene evitar los eufemismos y la construcción sobre plano de Estados abstractos y bienaventurados y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Solo una tiranía para Palestina, con todos sus avíos autoritarios, sin complejos y sin hermanos ni primos musulmanes, sería aceptable.
El niño muerto del título es el de Salomón, 'influencer' de infinita sabiduría y teórico de las dos mitades.
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