visto y no visto
La guerra de los Rosie
Ursula von der Leyen, Rosie, nos quiere listos para su guerra: una lata de melva en escabeche y un spray de yodo «por si la nuclear» es el 'kit' de supervivencia más recomendado. La prueba de que la cosa va en serio es que el ... gobierno de Madrid les ha subido a los soldados doscientos euros la paga mientras los putinejos Otegui y Puigdemont, el verdadero gobierno de España dirigido, al parecer, desde Moscú, se reúnen en Waterloo, a veinte minutos de la sede central de la OTAN, para repartirse la soberanía española, lo cual, al decir de los liberalios, ya no es ni iliberal ni distópico, pues nuestra Patria ya no es España, sino la Unión Europea de Rosie, un monstruo horaciano de dos patas: el 'Estado de derecho', pleonasmo que nada (bueno) significa, y 'Estado del bienestar', un invento decimonónico de Bismark en Alemania, seguido por Inglaterra con el 'Presupuesto Popular' de Lloyd George (un frívolo Boy George liberalio) y por Estados Unidos con el Roosevelt del Gran Giro. En resumen: una granja socialdemócrata, o lo que los liberalios con segunda vivienda en los Sudetes llaman 'El Orden de 1945'. En definición de Jean Clair: «Comemos, dormimos como animales en una granja próspera y bien surtida: comer y dormir, sexo: ¡la granja de Occidente!»
—Tenga usted, buen hombre: doscientos 'leuros', y a morir en Rusia por Bismarck, por Lloyd George y por Roosevelt. Gobierno de España.
Bueno, y por Lenin, que inventó el término 'Estados Unidos de Europa'. Parafraseando al capitán Diego de Acuña en el remate del segundo acto de 'En Flandes se ha puesto el sol', de Marquina: «¡Quien al oír un viva Uropa con un viva no responde, si es hombre no es uropeo, y si es uropeo, no es hombre!»
Mas para los Rosie, esos liberalios de pelazo en pecho que saben de la guerra no por Carl von Clausewitz, sino por Ramón Tosas Fuentes, Ivà ('Historias de la puta mili'), la cruzada de Rusia no es un cálculo sentimental, sino económico: la comisión correspondiente a ochocientos mil millones de euros, aparte la lata de melva en escabeche y el spray de yodo «por si la nuclear».
—¿A que no saben ustedes escribir un millón con nueves? –preguntaba en el Pombo de Ramón un personaje de la generación del 88. Y escribía: «999.999 9/9».
Los otros números ya los echó en su día en el Senado americano el general Gavin: «En una guerra nuclear, los cálculos corrientes en muertos llegan hasta cifras de varios centenares de millones, dependiendo de la dirección en que soplase el viento». Sólo en la América de entonces, el primer día, sobre 150 millones, morirían 36. Cifras rematadas por el sarcasmo de Bertrand Russell: «Una 'victoria', a condición de que el número de muertos rusos fuese todavía mayor».
—Esperamos el tiro de gracia europeo –avisó Muray–. Ya no debería tardar demasiado. Nada de 'bienestar individual'. La inminencia de la Europa Unida será el ahora o nunca para desterrar nuestros últimos 'vicios privados'.
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