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una raya en el agua

Las cartas boca arriba

Con el rápido pacto valenciano, Feijóo envía un mensaje contradictorio sobre su intención de gobernar en solitario

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Ignacio Camacho

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Los votantes del PP y de Vox se dividen en cuatro partes: los que quieren que pacten, los que no, los que les da igual y los que lo consideran inevitable. Al primer grupo pertenecen sobre todo los partidarios de Abascal; al segundo, los electores ... huérfanos de Ciudadanos y en los dos últimos, casi con seguridad los más grandes, se encuadra un amplio número de conservadores y liberales cuya prioridad pragmática consiste en desalojar del poder a Sánchez. No está claro, sin embargo, que ese imperativo circunstancial implique la necesidad de cerrar acuerdos cuanto antes, sobre todo si pueden repercutir en el resultado de las próximas generales. Por eso sorprende la velocidad del pacto valenciano, que podía haberse aplazado o madurado con un manejo prudente del calendario y que se ha resuelto de un modo inesperadamente rápido tras el veto de los populares a un líder regional de Vox condenado en su día por malos tratos. El movimiento de Feijóo despeja algunas interrogantes sobre sus escrúpulos a la hora de elegir aliado, pero también envía a la sociedad un mensaje contradictorio respecto a sus intenciones de gobernar en solitario.

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