Editorial
Sánchez levanta su muro
El presidente del Gobierno prescinde de perfiles técnicos y se rodea de un grupo de leales orgánicos con el que hacer frente a una legislatura marcada por la tensión
El anuncio del nuevo Consejo de Ministros apenas trajo sorpresas. El presidente del Gobierno repite la misma estrategia que ensayó con el grupo parlamentario de cara a las elecciones del 23J y se rodea de leales. Lejos de reclutar talento o excelencia en la sociedad civil, Pedro Sánchez ha recurrido a una colección de fieles del partido para, como él mismo anunció, elevar un muro frente a la mitad de los españoles que reprueban su gestión. María Jesús Montero, Margarita Robles, Fernando Grande-Marlaska, Luis Planas, Teresa Ribera y Nadia Calviño se mantienen con cartera desde su primer Consejo de Ministros, configurado en 2018.
La apuesta de Sánchez es esencialmente inmovilista y busca hormigonar los vínculos entre La Moncloa y Ferraz. Así se entiende, por ejemplo, que Pilar Alegría, que conserva la cartera de Educación, pase a ser portavoz del Gobierno en detrimento de Isabel Rodríguez, que ahora asumirá el Ministerio de Vivienda. Un guiño en clave orgánica, quizá, contra García-Page. La propia María Jesús Montero eleva su perfil y pasa a ser cuarta vicepresidenta, al tiempo que mantiene su cargo como vicesecretaria general del PSOE, lo que le permite sumar influencia en el Ejecutivo y en el partido. Sin embargo, nadie aúna tanto poder como Félix Bolaños, quien pasa a ostentar una cartera bajo el rubro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes. Esta triple competencia resulta inédita en nuestra democracia y es toda una declaración de intenciones: los tres poderes del Estado dependerán de un mismo ministro, lo que abunda aún más si cabe en la amenaza a ciertas garantías democráticas. Hasta la fecha, nunca desde el 78 un ministro de Justicia había tenido despacho en La Moncloa.
Entre los demás perfiles destaca, también, la presencia del bronco Óscar Puente, como titular de Transportes y Movilidad Sostenible. Sánchez construye así un frente político capaz de batallar con la oposición a través de figuras con más méritos orgánicos que capacitación técnica o trayectoria profesional. El presidente dispondrá de distintos talantes para resistir el desgaste de la oposición y ha reclutado una pluralidad de perfiles con los que hacer frente al Partido Popular. El presidente del Gobierno se alivia y liquida, además, los lastres que supusieron las ministras de Podemos. Con Ana Redondo, para el Ministerio de Igualdad, opta por un perfil académico, competente y alejado del histrionismo de Montero.
El presidente del Gobierno, en su apuesta defensiva, ha engrasado también su relación con Sumar, algo que será clave en el devenir de la legislatura. Perfiles como Urtasun o Bustinduy vienen avalados por una trayectoria profesional y académica difícilmente cuestionable y es de esperar que no le pongan en apuros. Algo más conflictivo puede ser el perfil de Mónica García, conocida por algunos excesos verbales y, desde luego, el de Sira Rego, cuya única virtud conocida es su denodado activismo. Pedro Sánchez no ha arriesgado y ha creado un Consejo de Ministros sin grandes apuestas y con la única ambición de resistir. El mérito de muchos de ellos se agota en una inquebrantable lealtad al líder y en el potencial rendimiento de desgaste que pueden ofrecer frente a la oposición. El presidente del Gobierno prometió levantar un muro y ha encontrado a las personas útiles para abundar en esa fractura entre españoles. Sánchez reedita algunos de sus fundamentales con un Ejecutivo que destaca por su escasa ambición y por un cierto espíritu de supervivencia en una legislatura que se prevé que sea enormemente tensionada.
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