triges de papel
Una futura reina espera
Sin signos en los que anclar nuestros afectos, ninguna política con mayúsculas se hará posible
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Las ceremonias y los símbolos nos distinguen de entre las bestias. Prometeo no les robó el fuego a los dioses para cocinar la carne, sino para poder construir rituales en torno a una llama. La adoración serena de algunos signos, tanto en el ... orden civil como en el religioso, demuestra nuestra sed de trascendencia, que no es más que una cura de humildad en la que confesamos que hay algo más importante que nosotros. Ya sea una idea, un Dios o una patria. De ahí que resulte icónicamente tan potente ver a nuestra Princesa jurar bandera.
Las ceremonias son coreografías en las que el ánimo ensaya su versión más digna, en las que el orden visible se consagra a eso otro que aunque resulte invisible a los ojos sabemos que existirá. Por eso en todas las ceremonias hay un ruego y una promesa, hay algo que esperamos y algo que comprometemos en un gesto solemne de respeto ante aquellos que nos miran. La palabra es una de esas cosas extrañas que sólo se ganan cuando se dan y cada vez que alguien jura no da la palabra sino que se da por entero en esa misma palabra dada. Ni la promesa ni la plegaria son posibles en estricta soledad.
Ver a la Princesa de Asturias jurar bandera es una verdad que como todo lo importante se ejerce de forma intempestiva y contra el tiempo. En un mundo apremiado por las circunstancias, donde los signos se maltratan en favor de la inmanencia, constatar el rigor formal de las antiguas maneras es una garantía de estabilidad y de certeza. No creo en las patrias mágicas, pero sí aprecio nuestra tradición y la comunidad que componemos cuando nos unimos por leyes justas. Sin signos en los que anclar nuestros afectos, ninguna política con mayúsculas se hará posible. Por este motivo, que jóvenes que encarnan el futuro juren con ilusión y disciplina por esta reunión de iguales que es y que debe ser España es una forma de esperanza. Con la Princesa ejerciendo de primera entre sus pares.
Saberte en deuda con la nación a la que sirves, reconocer el sacrificio del interés propio en favor de los muchos o mantener fielmente la lealtad jurada son antiguas virtudes ciudadanas que quienes nos precedieron supieron custodiar hasta nuestros días. En la jura de Leonor hay algo antiguo y nuevo, hay una tradición pasada y un compromiso futuro, hay una comunidad que se hereda y una España otra vez nueva que se promete. Las semanas, los meses y los años que vienen se llenarán de ruido, de noticias volátiles y de contingencias. Pero el país que entre todos construimos ya empieza a constatar que entre tantos cambios venideros nos aguarda al menos una certeza: que hay una mujer joven preparándose para asumir una inmensa responsabilidad y que España tiene ya una futura reina que desde su juramento espera.
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