LA TERCERA
Un día sin mentiras
La jibarización del Parlamento y el Senado por parte del sanchismo ha desvalorizado el debate público esencial en la democracia
Un reto compartido
La libertad profesional del médico

Podríamos comenzar este artículo con el «érase una vez» de los cuentos infantiles. O con las palabras árabes «Kan Ya Ma Kan». Es decir, «era así, no era así». Como ya hay día para todo, echo en falta un día que estuviera dedicado a no ... decir mentiras. Me conformaría con que durante veinticuatro horas, Sánchez no mintiera. Ardua labor pero como en los cuentos las ficciones se convierten en realidades, quién sabe. Ese día probablemente tendría que estar asistido por un equipo médico psiquiátrico. Y si ese día coincidiera en martes y quizás trece, el Consejo de Ministros estaría encerrado como en la película 'Cónclave'. ¿Qué cara se le pondría a la ministra de Educación (poca), Alegría, ella misma la Blanca Nieves de los bulos y candidata procatalanista a la presidencia de Aragón? Este día sin mentiras me lo ha traído a colación una reciente relectura del premio Nobel de Literatura y disidente soviético, Alexander Solzhenitsyn. «Prueben ustedes un día sin mentiras», les dijo a los jerarcas comunistas, y añadió, «una jornada así ayudaría a hacer caer todo el sistema soviético». Fue premonitorio. Yo lo repito aquí por si pudiera reproducirse en nuestro país aquel mismo milagro.
Pero, desgraciadamente, hoy en día no solo Sánchez es un mentiroso compulsivo. Le ganan Putin y Trump, con quienes podría hacer buenas migas si no fuera porque los otros son de extrema derecha y nuestro presidente es de extrema izquierda sin edulcorantes. Me contó Concha Velasco que un día en El Pardo, durante una reunión con el Caudillo a la que asistían todos los izquierdistas del cine español, de repente se fue la luz y se quedaron a oscuras. Algunos debieron esconderse detrás de los tapices pensando que los detendrían. No fue así. De repente se escuchó una voz aflautada que dijo: «¡Carmen, se han fundido los plomos!». También aquello fue premonitorio, pues el régimen pocos años después cayó plácidamente de la cama.
Por mucho que los ciudadanos, hartos de tanto maltrato de sus empleados (los políticos), quieran evitar el terrorismo de la manipulación política informativa, esta, como decía Simone Weil, penetra en todos los ámbitos. Tuccio Manetti escribió una obra titulada 'La novella del grasso legnainolo', donde se ejemplifica muy bien lo que Sánchez I, el absolutista, está haciendo con sus 'súbditos'. En la Florencia de comienzos del siglo XV, entonces el centro del mundo, el protagonista Manetto Amannatini, el gordo carpintero, sufre una broma de extrema crueldad por parte de sus 'amigos': fingen que no lo conocen y entonces enloquece. Nuestras identidades son sociales y no existen sin ser reconocidas y confirmadas por otros. Sánchez nos ignora. Vivimos en la mentira autoritaria. La verdad es una afirmación que se corresponde con la realidad. La mentira lleva aparejada una falsedad y el engaño. El Estado de derecho así se desmorona y crece el miedo y la indefensión. En 'La guerra del Peloponeso', Tucídides escribe: «Hay que temer al miedo ajeno a las costumbres, las leyes y las tradiciones».
En el Estado de liquidación por traspaso del negocio en el que vivimos, tememos cumplir lo adecuado cuando lo inadecuado aparece como ley no escrita. Russell se equivocó al creer que la ciencia ayudaría al ser humano a superar el miedo cobarde en el que vivió durante siglos. ¿Cuántos países tienen ojivas nucleares? ¿Tememos hoy menos que antes?
La jibarización del Parlamento y el Senado por parte del sanchismo ha desvalorizado el debate público esencial en la democracia. La confrontación pacífica de las ideas fue, según el politólogo Stephen Holmes, el principio más novedoso y radical del liberalismo. El sanchismo lo ha demolido a conciencia. Desde el propio Estado, que no es suyo, está creando un ambiente psicológico de 'terror blando'. No es el de Ribakov, aquel que se inició en la URSS en 1934, pero sí la infiltración ideológica y falsificatoria de la realidad a través de muchos medios de comunicación, entre ellos los públicos. Hoy todas las personas nombradas por el Gobierno en las empresas estatales o seudoestatales, son comisarios políticos. Por ejemplo, contar partidistamente lo que sucedió en Madrid durante la pandemia para desacreditar a la presidenta de la Comunidad, sin hacer referencia al desastre que se comandó desde el Ministerio de Sanidad del hoy presidente de la Generalitat catalana. Unos ciento cincuenta mil muertos en toda España. Todavía esperamos saber el nombre del sanedrín de especialistas que nos iban a cuidar.
Las autocracias y los regímenes totalitarios (Putin y Trump por el mismo camino) manejan tanto las amenazas como las oportunidades derivadas de la presente revolución de la información. Trump ya es una marioneta de los oligarcas tecnológicos. ¿Favorecerán las nuevas tecnologías a la democracia o al autoritarismo? Según va el mundo, ya vemos claramente que a esto último. ¿Volveremos a vivir en un orbe dividido, esta vez por un telón de silicio en lugar del de acero? Sánchez ya se refirió reiteradas veces a la construcción de un muro para dividir a los españoles. Sánchez le está haciendo a la democracia lo mismo que Apolo a la serpiente Pitón que custodiaba el santuario griego de Delfos. La sangre del animal sagrado lo manchó para siempre. Nadie puede exculparse a sí mismo después de este acto horripilante. El presidente odia la división de poderes. El Parlamento y el Senado le dan claustrofobia. Y qué decir de la Constitución y del Rey. Julius Margolin, judío y escritor bielorruso condenado a trabajos forzados, confesó que la Rusia soviética le había dado menos miedo que el propio ser humano. Esos que defienden la injusticia para medrar.
Aleksandr Herzen (Moscú, 1812-París, 1870) fue un filósofo materialista revolucionario. Lo conocí hace años a través del capítulo que Isaiah Berlin le dedicó en su libro 'Pensadores rusos'. Detenido muchas por el zarismo, se exilió en el año 1847. A Tocqueville (París, 1805- Cannes, 1859) lo conoce más gente. Su 'Democracia en América' o 'El antiguo régimen y la revolución', han sido citados infinidad de veces. Vizconde, precursor de la sociología, fue uno de los grandes ideólogos del liberalismo conservador. Montesquieu tuvo en él a uno de sus mejores seguidores. En 'Recuerdos de la Revolución' de 1848 escribe: «Defender los derechos contra las invasiones del gobierno salva las libertades más comunes del país».
Herzen conocía a Tocqueville, pero no así el francés al ruso quien contó lo siguiente. En una de esas revueltas en el París de los años 1848-49, cerca de la Madeleine, había una gran manifestación. Herzen era uno de los manifestantes. Perseguido por la policía, vio que pasaba muy cerca de él Tocqueville, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Herzen le pidió ayuda. Tocqueville se paró, lo miró y le dijo que una autoridad del legislativo no debía interferir en el ejecutivo. Montesquieu puro. Para Sánchez, el legislativo y el judicial están muy por debajo de la suela de sus zapatos.
¿Un día sin mentiras? ¿Es posible? Por cierto, yo no apoyaría al Gobierno en el aumento del gasto militar. Otra tomadura de pelo. Que lo hagan sus cómplices. Y sino, a elecciones.
«No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos» (Mateo, 6,34). Es decir, hay Sánchez para rato. Administremos las fuerzas que aún nos quedan.
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