BALA PERDIDA
Porno en el juzgado
Todo en el caso Errejón-Mouliaá está cabeza abajo, del revés de la cordura
Los lectores sospechosos
Juguete de Igualdad
El caso Errejón trae mucha amenidad porque nadie está en su sitio. Errejón da novedades de su dimisión política en una causa sexual, Elisa Mouliaá ilustra su denuncia en un plató de jarana, y el juez Carretero elige a Susanna Griso para detallar su estilo ... de profesional palabrón. Eso, tras filtrarse el vídeo completo del juicio, que sirve así para montar en cualquier sitio un 'Sálvame', cuando estas cosas nunca debieran salir de una sala donde se arbitra la justicia. Para mayores recreos, el feminismo más atareado le hace la crítica literaria a la prosa del juez, ignorando –el atareado feminismo, no el juez alegre– que toda intimidad de pronto iluminada, ante el gentío, es pornografía. El juicio acaba de empezar, y ya tenemos a Errejón pidiendo la hemeroteca televisiva de Mouliaá, por contabilizar versiones diversas, a Mouliaá reclamando la investigación que se le hizo a Íñigo en su momento, ante de su propio episodio, por ver si cumplía mucho o poco de sobón en los guateques posmitin, y al juez pidiendo justicia sobre lo suyo, porque de momento lo que sí nos sale más o menos claro en este tinglado es que el juez es culpable. De modo que el caso ya se despereza mucho en el tiempo, y pudiera llegar enseguida hasta Yolanda Díaz, que tomó declaración íntima a Errejón en su día, al teléfono. Por la otra punta, el denunciado ya solicita el cheque o cheques a favor de Mouliaá, por irse la muchacha al confesionario de la tele, con lo que la programación de 'primetime' también participa en el meollo en vigor, pero no poniendo plató sino arrimando la contabilidad. Ya sólo nos falta algún miembro de la Real Academia Española, para dictar si conviene el empleo de la palabra glúteo o la palabra culo, cuando proceda dirimir un acoso o agresión sexual. Todo en este caso está cabeza abajo, del revés de la cordura, con lo que no sé yo seguro si el porno ha llegado al juzgado, cuando el juzgado sí está ya funcionando de porno por capítulos de la peluquería cómplice que somos. Quizá sin remedio.
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