bala perdida
La explotación de Nadia
El padre cumplió más platós que Sánchez en campaña desesperada
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Los padres de Nadia han resultado los explotadores de Nadia. Lo dicta el Supremo, que contempla una estafa agravada. Nadia es Nadia Blanco, y los padres son Fernando y Margarita, dos listos que usaron a la criatura de negocio en la tele, presentándola cautiva, ... casi insalvable, de una enfermedad de exterminio. De modo que la niña iba a morir, en cuatro tardes, y había que sacar la billetera, pero la billetera ajena, obviamente. La inocente tenía un mal, pero no irreversible, y la inocente fue llevada de gira de plató por el padre, al que le parecía que necesitaba antes un paganini que un médico. El padre cumplió más platós que Sánchez en campaña desesperada, y al final la gira recaudó más de cuatrocientos mil euros, hasta que llegó la policía. No es que no existiera la enfermedad de Nadia sino que no era un riesgo de vida o muerte. He aquí una mentira en condiciones, ahora que se lleva tanto la poética de la mentira. El caso provocó en su momento lo mismo que pudiera provocar ahora: la censura a la alegría de las teles, cuando hay episodio de morbo. Lo que pasa es que ante una criatura enferma, como es el caso, no urge el contraste de la noticia sino la solidaridad del alarma. Antes somos solícitos vecinos que crueles periodistas, con lo que el padre de la inocente se fue haciendo el amo, ahí en la tele de cualquier hora, y hasta se llevaba a veces a Nadia, y luego él ponía el cazo del sablazo suculentísimo, porque la gente es buena, y el negocio un medicamento. Nadia era un lucro de buena salud, y la tele colaboró en el pastizal, y Nadia también, porque la bondad aún existe, y después está el periodismo de investigación. El padre ha ejercido la explotación, porque mercadeó con una hija, ante la afición conmovida, y pagará en cárcel. La prensa que auxilió lo suyo ya pidió un perdón sincero y sentido en su momento, porque le colocaron una milonga, porque en rigor le estaban colocando a una niña no sana. Que es lo que nos queda por esclarecer, eso, la niña, hoy adolescente. O sea, cómo sigue hoy Nadia, cuya inocencia herida le dio al padre para montar una industria obscena. La ley lo llama estafa. El alma, pornografía.
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