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el batallón

Atronadora soledad

Como en el tango, solo, fané y descangayado salió Sánchez del Congreso el miércoles, abandonado hasta por parte de su gobierno

«Apenas un par de casos...»

'Sanchettes' e 'Illettes'

Álvaro Martínez

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Solo desde la más ciega lisonja pelotillera y de tiralevitas se puede llegar a entender la cerrada ovación –puestos todos en pie, prietas las filas porque el que no aplauda quizá no salga en la foto de las próximas listas electorales– que la bancada socialista ... dispensó a Pedro Sánchez el otro día en el Congreso. De la decena de portavoces que pasaron para contestar el discurso de Sánchez sobre su (no) explicación del rearme a aprobar, solo uno, su conmilitón Patxi López, ese constructo de común de apariencia ininteligible, le dijo que le iba a apoyar. ¡Uno (y qué uno) de diez! Esa ovación fue el estruendo que puso de relieve la atronadora soledad del sanchismo en las Cortes cuando aún no hemos alcanzado ni el ecuador de la legislatura, y que define la hondura de su abandono no solo de sus socios del Frankenstein II, el segundo engendro parlamentario que montó, sino de parte de su propio Gobierno. No hablamos, no, del desamparo en una cuestión menor sino de un asunto de Estado devenido de una decisión trascendental tomada en Bruselas que marcará un antes y un después en la historia de Europa. ¿En qué otra cosa van a invertir los Veintisiete casi un billón de euros en tiempo récord? El rearme, o como Sánchez quiera llamarlo, será por tanto por decreto, la especialidad de la casa.

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