la alberca
El independentismo es folclore
La «maravillosa fuerza centrífuga» de la que habló Chaves Nogales afecta a todos los españoles, no sólo a algunos
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Los lazos amarillos están raídos en los balcones de Cataluña. El independentismo parece un vestigio engullido por la ineptitud de Mas, Puigdemont, Junqueras y Aragonés con la inestimable colaboración de Colau. Barcelona es hoy una ciudad gris. Incluso más triste que insegura. A mucha ... distancia de sí misma. La farruca de Gades por Las Ramblas, escena mágica de 'Los Tarantos' de Rovira Beleta, es la última seña identitaria de un territorio en decadencia. Un alicantino bailando flamenco en la Boquería. Hace unos días, en la plaza de Sant Jaume, una manifestación por la independencia convocó a unas 30 personas. Enarbolaban esteladas mientras cantaban melodías monocordes supuestamente antiquísimas. Musicalmente rudimentarias. El folclore como enseña nacionalista. Pero con una guitarra desafinada. Siempre he pensado que las rondallas son una terapia de grupo para los instrumentos que tienen dueños sin oído. Por eso una sonanta desafinada es un símbolo. La decadencia siempre comienza en las cuerdas de un arpa.
Aquella manifestación me pareció una reliquia etnográfica. Algo así como el silbo gomero, los saltos del Colacho o la procesión de los ataúdes. Cataluña atraviesa una etapa de decadencia económica y social que ha tenido traducción en las últimas elecciones generales. La fusión antinatura entre el independentismo burgués y el comunista ha violentado tanto el sentido común que ha quedado reducida, como el Pedro Ximénez, a un exotismo. No sólo se han cansado de esta extravagancia altanera los demás territorios de España, que han visto como Cataluña recibe más inversión estatal que nadie mientras genera una deuda de 85.000 millones y lidera el déficit público nacional. También se han cansado de esta pésima gestión los catalanes. Los partidos independentistas han bajado del millón de votos por primera vez desde que se inició el 'procés'. Nada que ver con los más de dos millones que este bloque logró en las elecciones autonómicas de 2017. La ruina no gana comicios. Por eso es aún más desolador que el próximo Gobierno de España esté en manos del forajido que lidera esta agonía.
La filóloga Yolanda Morató ha descubierto recientemente la última entrevista que concedió Manuel Chaves Nogales apenas 15 días antes de morir en mayo de 1944 en Londres. Se la hizo el brasileño Murilo Marroquim, enviado especial del 'Diario de Pernambuco'. El gran periodista sevillano, tantas veces ubicado en 'la tercera España', dice ahí: «Todo lo que sea hablar de unificación resulta funesto. España no es una, sino varias». Esta idea está magistralmente llevada a término en la Constitución. Chaves ya creía antes en el separatismo «innato» de cada español, en la diversidad, no en el independentismo. Por eso habló de «la milagrosa fuerza centrífuga» de toda la nación, no de una sola parte. Pero Sánchez no sabe que el independentismo es folclore. Su único objetivo es el poder y, si es necesario, tocará la guitarra desafinada de la plaza de Sant Jaume en las Cortes.
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