LENTE DE AUMENTO
Tu verborrea no gana guerras
Putin se carcajea del perroflautismo patrio, tan dado a acariciar al tigre y disparar al cervatillo
Una televisión de parte, un tele de mierda
Un sinvergüenza con enchufe
Es mentira. Sí hay paz para los malvados. Una que se acuna en los meandros de los pactos, de la compraventa, del mercadeo. Menudeo para ellos, toda la vida en el alero para el resto. No, no es verdad que los malvados puedan ser derrotados, ... nunca si se les trata con la candidez que solemos, como si a un corazón podrido se le pudiera insuflar el bombeo de la razón, la moral y la justicia. A las alimañas hay que exterminarlas y eso, aunque a veces parezca imposible, es algo a lo que no se puede renunciar jugando a almibarar las palabras, nominando seguridad a lo que es rearme y demás chorradas que deben provocar carcajadas en el Kremlin y tremor entre nuestros aliados. Se puede ignorar a los bellacos, acotar su radio de acción y refugiarse en un vergonzante cerrar los ojos y oídos, pero eso es la antesala del desastre. Siempre.
Eso es lo que hicimos en Afganistán. Es lo que pretende el perroflautismo patrio ante Hamás. Sus arremetidas por las atrocidades de Israel contra la población civil en Gaza quedan en artero funambulismo político cuando se ignora que aquel funesto 7 de octubre una jauría de alimañas desmembraron, violaron, decapitaron y secuestraron a miles de judíos por el mero hecho de serlo.
Recordarlo se hace necesario ahora que Europa anda en pie de guerra, preparándose para lo peor que esté por venir si se sigue mamoneando con el sátrapa ruso. El problema, por eso lo de censurar la nadería europea en Gaza y frente al islam en general, es que no infundimos respeto alguno entre los mayores criminales del planeta. Saben que ante su abuso hay carantoña cuando no comprensión paralizante o drible semántico.
Es la psique absurda de quien se cree no solo cuna sino guardián de la civilización, como si no fuera posible otra, aunque sea el reverso tenebroso de nuestra perdida luz civilizadora que nos hace apiadarnos del culpable condenando así al inocente. Mi fe en que rearmarnos suponga abandonar nuestro peligroso buenismo es nula. Lo dije hace unos días e insisto ahora: es bueno que te teman, no que te creas que puedes contener al criminal bajo un grueso manto de regulaciones.
A Putin le seguirán en breve otros, incluso él volverá por sus fueros en cuanto compruebe que la sangría ucraniana no le ha salido tan mal y puede sacar provecho gracias a su química con Trump. Pero mañana, ¿qué? ¿Acaso creemos que vendrán tiempos mejores cuando no luchamos por ellos, cuando exigimos lo que no somos capaces de hacer cumplir? Toca desperezarse y reconocer la cruda realidad: que la libertad se gana. Porque siempre habrá alguien dispuesto a arrebatarnos la democracia, mucho más si nos empecinamos en satanizar la prosperidad justificando las trapacerías de unos bastardos asesinos para acabar castigando con nuestras fatuas morales a aquellos cuyo único pecado es compartir los valores pero no la forma de aplicarlos.
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