Tiempo recobrado
Un partido necesario
Cs no debe desaprovechar la ocasión de refundarse

Hace año y medio, el mundo le sonreía a Albert Rivera, al que las encuestas le colocaban como el favorito para ganar las elecciones. Ayer dijo adiós a todos sus cargos y anunció su retirada de la política. Sic transit gloria mundi. Lo que le ... ha sucedido es una lección sobre la fragilidad de la condición humana y, como diría un filósofo existencialista, sobre la contingencia del ser.
Dicho esto, Rivera me emocionó con un discurso de despedida que supuso un brillante epitafio a una carrera que ha durado 13 años. El líder de Ciudadanos hizo lo que debía hacer: asumir su responsabilidad en el fracaso para salvar al partido.
Su decisión ha sido tan coherente como necesaria porque la debacle electoral le restaba autoridad para seguir al frente de la formación. Su decisión de marcharse permitirá una renovación que debería afectar tanto a las personas como a los programas.
Rivera ha cometido muchos errores, entre ellos, no dejar gobernar a Pedro Sánchez tras las elecciones de abril. Pero igualmente grave resulta la salida de militantes tan valiosos como Francesc de Carreras, Francisco de la Torre y Toni Roldán, que representaban el espíritu fundacional de Ciudadanos.
En los últimos años, la organización había ido perdiendo el impulso de regeneración que era uno de sus grandes activos y su principal seña de identidad. Ciudadanos se había convertido en una maquinaria de poder, semejante a los dos grandes partidos con los que competía.
Ahora tiene la gran oportunidad de empezar desde abajo y recuperar ese sano inconformismo que había atraído a sus millones de votantes, hartos de un bipartidismo que había degenerado en una esclerotización de la política y en unas nefastas prácticas clientelares.
Por tanto, Ciudadanos no debe desaprovechar la ocasión de refundarse y reconstruir su discurso, lo cual pasa en primer lugar por hacer una autocrítica de los errores cometidos en el pasado reciente. Y ello sin denostar la figura de Albert Rivera, que llevó al partido a ser una alternativa al PP y el PSOE.
Como creo que las ideas son mucho más importantes que las personas, hay bastantes dirigentes que pueden tomar las riendas y devolver la ilusión a las bases. Inés Arrimadas reúne esas características, pero también Luis Garicano podría ser un excelente recambio. Es un hombre de probada valía intelectual y de acreditada integridad moral.
Normalmente las grandes crisis personales e institucionales suponen un estímulo para reinventarse. Y Ciudadanos tiene ante sí una oportunidad que jamás se le volverá a presentar de empezar casi de cero y recuperar la confianza de los millones de votantes que le han abandonado.
Y ello por una sencilla razón: sigue siendo un partido necesario para ocupar el mal llamado centro político y levantar la antorcha de la regeneración. Y también para superar ese cainismo que caracteriza nuestra vida política y que impide llegar a acuerdos transversales. Rivera se ha ido, pero Ciudadanos sigue vivo.
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