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Un náufrago llamado Rajoy

M. MARTÍN FERRANDLOS servicios de propaganda que asisten a José Luis Rodríguez

LOS servicios de propaganda que asisten a José Luis Rodríguez Zapatero, la más eficaz de las máquinas que maneja el presidente, se han sacado de la manga una Ley de Libertad Religiosa que no estaba prevista en el programa electoral del PSOE. ¿Trata de abordar una necesidad sobrevenida en nuestra convivencia? Evidentemente, no. El problema al que se refiere es tan viejo como se quiera que sea la antigüedad del Estado Español. Lo que pretenden es encontrar un nuevo pretexto, o reverdecer uno pasado, para que los españoles enfrentemos nuestras posturas hasta el borde de partirnos la crisma los unos a los otros y así, en la trifulca, pasar por alto los desatinos con que la pachorra de Pedro Solbes gestiona una difícil situación económica que se agrava con la aplicación y el seguimiento de un Presupuesto que ya nada tiene que ver con la realidad sobre la que se redactó.

A pesar de la crisis, que es creciente, y de la errática conducta gubernamental, el monopolista de la oposición, Mariano Rajoy, continúa mirándose el ombligo y recabando apoyos y compromisarios para seguir en el machito. «Tened la certeza y la seguridad -dice el del PP- de que sé lo que estoy haciendo». ¡Hombre de Dios! Todo el mundo sabe lo que hace. Incluso Josep Lluís Carod-Rovira que, a pesar de estar instalado en un cargo representativo del Estado, demanda -¡para antes de 2014!- un ejército catalán, «como tienen todos los países de la UE». Hasta el muy corrupto y trincón sheriff de Coslada sabía lo que estaba haciendo. Que Rajoy se justifique diciendo que él también lo sabe invita a la alarma antes que al sosiego.

Rajoy tiene una extraña manera de ejercer la oposición. Gastó los dos primeros tercios de la pasada legislatura en tratar de explicar, sin conseguirlo, los errores que le hicieron perder las legislativas de 2004 y las torpezas con que el Gobierno del PP gestionó el mazazo del 11-M. El tercio restante lo consumió en una larga y mal llevada campaña electoral. Cumplidos ya dos meses de su segunda derrota, puesto en cuestión, se concentra en buscar amarras para seguir al timón. No le queda tiempo para ejercer la oposición que le corresponde según el juego democrático.

Aún así, dejándole a Zapatero el campo libre de obstáculos y a los ciudadanos privados de referencia crítica, Rajoy promete actuar «con responsabilidad, sensatez y sentido común». ¿A partir de cuándo? Si verdaderamente sabe lo que hace y le funcionan las glándulas que -supongo que las habrá- segregan la sensatez de los adultos, sabrá también que su conducta es la de un náufrago. Agarrado a un tablón, se mantiene a flote. No navega, ni puede hacerlo, con el rumbo debido. Se ha convertido en su propia parodia y, cuando quería vendernos una refinada astucia, ha demostrado la de su antagonista, Zapatero.

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