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Una raya en el agua

La llave secreta

La Navidad restaura el paisaje moral del afecto y nos lo devuelve como una esperanza contra el fracaso y el desconsuelo

Ignacio Camacho

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Aquí la tienes ya. Otro año. La Navidad de siempre, la fiesta de la pureza, del humanismo, de la paz, de la familia. Date una tregua, concédete a ti mismo un armisticio entre los conflictos de la vida. Busca en el interior de tu alma ... la llave secreta de esa liturgia íntima que aprendiste de niño y aún te provoca un dulce pellizco de melancolía. No la encontrarás en el esplendor de los escaparates, ni en el sonsonete de la lotería, ni en el bullicio de las calles iluminadas, ni en los regalos, ni en el derroche consumista. Está dentro de ti, en algún rincón de la conciencia donde una vez dejaste una luz encendida. Está en la promesa de esperanza que alienta en el fondo de tu ser desde antes de que perdieses la inocencia. Está en el relato de amor y de entrega que encierra un mensaje de formidable energía ética. Está en tu identidad, en tu cultura, en tu fe si la conservas; en la simbología de esa noble leyenda que evoca la memoria común de un sentimiento de pertenencia. Ésa es la llave que abre cada diciembre el baúl de tus certezas y te transporta al origen de tus emociones más auténticas.

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