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Pedro Antonio Sánchez

La regeneración que fue persecución

El Supremo absuelve al expresidente murciano, que dimitió por acción de Cs y omisión del PP

Jesús Lillo

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Aquella regeneración de la vida democrática con que los actores de la nueva política se anunciaron en los carteles del fin del bipartidismo permitió a Ciudadanos -a Podemos hay que darle de comer aparte- ajusticiar sobre la marcha y en beneficio propio a todo aquel ... dirigente del PP que, a la sombra de cualquier sospecha, se le pusiera por delante. Si como dice Sánchez «la venganza o la revancha no son principios constitucionales», la persecución tampoco es de recibo, aún menos cuando responde a una estrategia colonizadora del espacio público que ocupa el rival, un PP que para más inri se dejó llevar y que, como diría Rocío Carrasco, teórica de la ‘vendetta’, fue víctima y luego verdugo. Absuelto ahora por el Tribunal Supremo, Pedro Antonio Sánchez tuvo que dimitir como presidente de Murcia en 2017, tachado de corrupto por sus socios de gobierno, los mismos que el pasado marzo intentaron repetir un órdago regional que terminó por minar su credibilidad y que fue su epitafio electoral. No fue Pedro Antonio Sánchez el único que cayó en una cacería cuyo carácter regenerativo, anunciado en los carteles, se limitó al de quienes la organizaron para repartirse la carne y la carroña.

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