Notas marginales
Bruselas
La gestión pública solo puede ser malintencionada si se conocen sus resortes

Si la capitalidad de la Unión Europea estuviera en Roma, Atenas o Madrid, la percepción en torno al marasmo burocrático con que se asimila la Europa de los pinganillos sería otra: sin la envoltura de la bruma. Nos ahorraríamos, por ejemplo, esos recorridos entre el ... coche oficial y la puerta, gélida y blindada -de un grosor de sótano de banco central- del emisario de turno embutido en un abrigo, enfundado en unos guantes que le imposibilitan sostener esa documentación que se prepara para no ser consultada y enrollada al cuello una bufanda, siempre de colores chillones, con el destino muy probable de dificultar el riego sanguíneo en el cerebro.
De estos paseantes bruselenses, de rojez perpetua por el frío en las mejillas, siempre me pareció proverbial la figura de Luis de Guindos en su etapa como ministro económico del Gobierno: su sonrisa algo sardónica, su mano rápida para anticiparse en el saludo a los homólogos, ese punto un tanto histriónico en la expresión, y el séquito de funcionarios de que se acompañaba para trasladar maletines donde se guardaban la carta a los reyes magos y la lista de excusas cuando no se cumplían los compromisos.
El hoy vicepresidente del BCE transitaba moqueta con paso firme. Era un tiempo en que a los españoles se nos conceptuaba con una condescendencia muy luterana como gente peculiar, pero diligente (obediente) y no, que es lo que ocurre ahora, como paladines del más obsceno de los ridículos. El pasado 29 de abril, el Ejecutivo remitió a la Comisión dos documentos, el Programa de Estabilidad 2022-2025 y el Programa Nacional de Reformas. Ambos, jalonados de párrafos repetidos, erratas y cifras contradictorias. El plácet comunitario sobre estas previsiones es imprescindible para apuntalar la imagen económica de cualquiera de los socios europeos y obtener mayores recursos en forma de fondos de reconstrucción cuya cadencia ha descabalado la invasión rusa de Ucrania. La gestión pública solo puede ser malintencionada si se conocen sus resortes. Pero esto es peor que la maldad: se trata de la más pura incompetencia.
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