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Un apasionado actor

La muerte, trágica y dolorosa, de Francisco Rabal encierra un halo dramático para quien muchas veces prefirió perderse por su pasión, antes que perder esa fuerza y esa ansia de vivir, y de vivir en la escena, ante la cámara. Un actor apasionado que puso en cada una de sus interpretaciones toda la energía que la vida, irrefrenable, dura y, también, plena de reconocimientos le había ofrecido y mostrado. Pertenecía a una estirpe, no sólo de actores, que también, sino de españoles en los que la huella de una tradición, tan poderosa como presente, se abría con el mismo ímpetu que su voluntad de conocer otros ámbitos y otros territorios. Pertenecía a la escuela de la vida, a la forja de un rebelde hecho a golpe de sí mismo, que traspasó los horizontes de penumbra de un tiempo gris hasta alcanzar un lugar, sin duda ganado y privilegiado, en el mundo. Todo lo hizo derramando en cada interpretación ese vigor propio de quien, casi por instinto, reconoce la sabiduría apenas se ha cruzado en su camino. No es fácil. Requiere un anhelo interior, contundente, sin límites. Recorrer la filmografía de Francisco Rabal es un ejercicio apasionante de la historia del cine español, y del cine en español, además de sus presencias internacionales. De cada uno de los directores con los que trabajó aprendió el oficio; la magia la puso él. Sabía que la inspiración, al transformar a un personaje apenas perfilado a través de las páginas de un guión, en alguien cercano para cualquiera de sus espectadores, formaba parte de la biografía de uno. En cada gesto, en cada frase, en cada mirada de cada una de sus interpretaciones se descubría una parte inédita de la realidad, de las miserias y de los anhelos de una vida, la de sus personajes. De ahí su incesante búsqueda de perfección, ese camino de perfección que marca, y rubrica, su trabajo cinematográfico. Ocupa Francisco Rabal primerísimo lugar en la nómina de actores que han hecho posible la proyección internacional del cine español y el enlace entre diversas generaciones de directores y actores. Su curiosidad intelectual -que tanto debió a Dámaso Alonso y Luis Buñuel, las dos Españas entonces, la de aquí y la de allí- le llevó, con enorme humildad a recuperar la tradición, casi oral, del verso popular que en las páginas de ABC fervorosamente ofrecía a sus lectores cada semana. Esa curiosidad que le permitió ser muchos Francisco Rabal sin perder nunca la referencia de su origen, su esfuerzo y su entrega. Si ahora cabe destacar, en el inmenso bosque de sus interpretaciones, un hecho que resuma una vida dedicada a hacer más llevaderos las horas y los días a los demás a través de ese sueño del siglo XX que es el cine, sin duda será la pasión que derrochó, con granado desparpajo, en cada una de sus películas. Que, además, quedan ahí, con todos nosotros, para siempre.

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