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reportaje

«Casas sin gente, gente sin casa»

Más de 4.500 personas viven en la calle en Galicia. El desempleo ha abocado a estos ciudadanos al miedo y la necesidad. «El desayuno cuesta 20 céntimos, pero soy incapaz de pedir», relatan a ABC

«Casas sin gente, gente sin casa» miguel muñiz

POR PATRICIA ABET

Una pintada recuerda cada mañana a la veintena de personas que duermen en la dársena de autobuses de Xoán XXIII -en pleno centro compostelano- lo paradójico de esta crisis. «Casas sin gente, gente sin casas» reza sobre sus cabezas un grafiti que nadie sabe quién pintó pero que todos miran de reojo de vez en cuando. Verdades mudas que en el caso de Galicia arrojan un saldo desolador. Más de 580.000 personas viven bajo el umbral de la pobreza en la Comunidad, según los últimos datos de Cáritas España.

El desempleo, implacable, triplicó en los últimos años el número de ciudadanos que acuden a los servicios sociales para demandar alimentos y ya son 100.000 los gallegos que sobreviven en condiciones de pobreza severa. Es decir, que no tienen recursos suficientes para afrontar un alquiler, mantener la casa a una temperatura adecuada, comer carne, pollo o pescado al menos tres veces por semana o pagar el consumo de una lavadora, una televisión o un teléfono móvil.

Un escalón más abajo están las 4.500 personas que viven en la calle en Galicia. Sin techo, pasan la noche en albergues o en cajeros con una incertidumbre continua, «cómo salir de esto». En el caso de Jorge, un salmantino que lleva dos años en paro, los paseos por la zona antigua santiaguesa se han convertido en una terapia. «Camino todo el día, me muevo, no quiero estar parado», confiesa este encofrador que después de dos años buscando un empleo decidió hacer el Camino de Santiago y acabó durmiendo en el albergue improvisado de Xoán XXIII, zona cero de la pobreza en la capital.

«Aquí estamos bien porque no nos entra el agua cuando llueve y nadie nos molesta. Si alguno monta barullo, lo echamos porque no queremos problemas, solo un lugar donde pasar la noche, pero nos han dicho que el ayuntamiento lo quiere tapiar y no sé qué haremos entonces», cuenta.

«No pido, no puedo»

A primera hora de la mañana, Jorge y sus compañeros recogen unos cartones que hacen las veces de colchón y se adecentan. «Lo dejamos bonito porque por aquí pasa gente y no queremos que lo vean todo tirado», comenta mientras a sus espaldas una persona dobla su manta y la guarda en una extraña estantería que cuelga del techo. «Creo que ahí había antes unos focos», explica Jorge.

Para desayunar y comer, muchas de las 17.000 personas que solo en Santiago malviven en esta situación acuden a la cocina económica. Por entre 20 y 80 céntimos de euro reciben una comida y un lugar donde resguardarse de la lluvia y el frío. Pero conseguir esas monedas no siempre es una labor sencilla. «Yo no pido, no puedo, soy incapaz» confiesa Jorge, al que solo le faltan 15 días para poder cobrar el paro. Con la vista puesta en una nueva obra que han iniciado cerca de donde duerme, confía en encontrar un empleo que le permita volver a tener una casa. «Sólo pienso en salir de esto», dice.

Sintecho de traje y corbata

El perfil de sintecho en Galicia es, tradicionalmente, el de un hombre de mediana edad -unos 45 años- soltero, con hijos e inmigrante en el 35 por ciento de los casos. Son datos del informe elaborado por el Valedor do Pobo en 2011 que la crisis ha hecho saltar por los aires. A los nuevos sinhogar se los conoce ya como los «pobres de traje y corbata» y son víctimas directas de las actuales circunstancias económicas. Según Javier García, representante de Cáritas en Galicia, se trata de personas que «hace dos años tenían casa y trabajo» y que ahora se encuentran en la calle sin ningún tipo de salida. «De ahí que sigan teniendo reticencias a la hora de recoger un ticket para comer» explica.

Más prostitución

La crisis, prolongada y profunda, también ha hecho mella en las mujeres. Un colectivo a priori a salvo de la vida en la calle que ahora engrosa las listas de indigencia en la Comunidad. Las últimas encuestas revelan que el 66 por ciento de personas en situación de grave exclusión social son mujeres, muchas de ellas cabezas de familia de hogares monoparentales. La situación es tan extrema que algunas organizaciones llevan tiempo alertando de que el número de féminas de entre 30 y 35 años que decide prostituirse se ha incrementado sustancialmente en Galicia. «Algunas de ellas -explican- habían dejado la calle y ahora vuelven porque se han quedado sin trabajo. Otras, nunca antes se habían prostituido».

En pleno invierno y ante los elevados índices de indigencia, los cajeros se convierten en una opción para pasar la noche y las puertas de las iglesias, de los supermercados o los semáforos, en un lugar donde conseguir las monedas del día. Invisibles y anónimas, miles de personas sufren en sus carnes, a diario, las consecuencias de una crisis económica que tiñó de negro su presente. Sobre su futuro, pocos se atreven a hablar. «El reto es pasar el día», dicen.

«Casas sin gente, gente sin casa»

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