SOCIEDAD
Los creadores del «Assassin's Creed» se inspiran en el corsario tinerfeño Amaro Pargo
La multinacional de videojuegos Ubisoft financia un estudio sobre los restos del célebre personaje acompañando el lanzamiento de la cuarta entrega de la exitosa saga

Han pasado más de 250 años desde su fallecimiento, pero el misterioso corsario tinerfeño Amaro Pargo será protagonista de una aventura más. Sus restos ya no descansan en la pequeña cripta de la iglesia del convento de Santo Domingo, en La Laguna, sino que se encuentran en Madrid, tal como han confirmado fuentes del proyecto, donde serán objeto de un estudio histórico y arqueológico que financia la multinacional de videojuegos de origen francés Ubisoft Entertainment.
Arqueólogos, forenses y antropólogos fueron los encargados de exhumar los restos mortales de Amaro Pargo, uno de los personajes más atractivos de la historia de La Laguna, ciudad Patrimonio de la Humanidad. La empresa Arqueomedia y el laboratorio de Arqueología Forense de la Universidad Autónoma de Madrid serán los encargados de desarrollar un estudio del ADN del corsario que incluso permitirá conocer con certeza el que fuera su rostro.
El proyecto supone también una novedad por contar con el mecenazgo de Ubisoft, que financia los trabajos acompañando el lanzamiento de la cuarta entrega del exitoso Assassins Creed, un videojuego precisamente de piratas. Eso sí, el corsario no será, en principio, uno de los personajes del juego.
Amaro Pargo, Amaro Rodríguez Felipe, que nació en 1678 y murió en 1747 en La Laguna, fue corsario y comerciante, aunque no pocas personas en la isla siguen evocando la imagen de un pirata al escuchar su nombre. A ello ha contribuido que la lápida bajo la que descansaban sus restos en la iglesia del convento de Santo Domingo tenga tallada una calavera y dos tibias cruzadas, el símbolo pirático por excelencia, amén de sus apellidos familiares y un escudo de armas.
La historia cuenta que Amaro Pargo fue capaz de librar del ataque de los piratas a la galera del Rey que viajaba de Cádiz al Caribe. Fue esta hazaña la que le valió el reconocimiento del monarca, que lo distinguió y le concedió la patente de corso sobre la que construiría su inmensa fortuna.
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