«¿Volver a Ucrania? Nadie quiere hablar de eso, es demasiado doloroso»
Las familias enteras que llegaron a España no planean regresar. Los que volvieron a la guerra lo hicieron, sobre todo, al principio
El consenso europeo sobre el apoyo a Ucrania se desmorona

A todos los refugiados ucranianos les cuesta hablar de la guerra. Aunque estén lejos, duele igual. Pero entre los hombres, que huyeron bajo las circunstancias especiales que permitía la ley marcial –estar incapacitado, ser padre de familia numerosa o tutor de menores con necesidades ... especiales, entre otras–, el silencio es aún más comprensible y apabullante. Sobre todo después de que esta semana, en vísperas del debate sobre una nueva ley de Movilización aún más dura, el ministro de Asuntos Exteriores, Dimitro Kuleba, pidiera a sus compatriotas que volvieran «para ayudar en la guerra con Rusia». «Nadie quiere hablar de ello, la situación es muy difícil y todo es muy doloroso», explican desde las asociaciones de ucranianos que ayudan a sus compatriotas desde España. Los que viajaron para unirse a la defensa de su tierra, añaden, lo hicieron al principio del conflicto. «Y algunos ya han muerto en combate», suspiran.
En nuestro país hay casi 300.000 ucranianos censados, 200.154 beneficiarios de la protección temporal que se expidió a los desplazados por la invasión rusa, según los últimos datos de la Oficina de Asilo y Refugio. El 61,1% son mujeres (122.400) y el 38,9 por ciento, hombres (77.754), la mayoría entre 36 y 64 años. Maksym y Yuliia, de Jersón, llegaron a España con sus dos mellizos de 4 años, uno de ellos con parálisis cerebral, hace unos meses.
Cuando comenzó la invasión él estaba fuera de Ucrania, y ella pasó tres meses sola con los dos pequeños en territorio ocupado. «Nunca olvidaré el día que me pusieron una pistola en la cabeza. Fue muy duro, teníamos que hacer cola durante horas para conseguir algo de comida», recuerda. Logró salir del epicentro de la guerra al cuarto intento. Pasaron un tiempo en Georgia, pero la sanidad del país no podía cubrir las necesidades de su hijo, así que hicieron las maletas rumbo a España, pasando de nuevo por Ucrania para conseguir pasaportes para los niños. Makysm, marinero de profesión, con dos niños tan pequeños y uno de ellos con discapacidad, pensó que su sitio estaba junto a su mujer. Confían en la victoria de Ucrania, pero no planean regresar porque no tienen hogar al que volver y porque en España, gracias al apoyo de la Cruz Roja, pueden darle a su hijo la rehabilitación y los cuidados que necesita.
Según el último informe de Acnur, sólo el 6% de los refugiados ucranianos planean regresar al país en los próximos doce meses. La mayoría pretende hacerlo algún día (59%) y hay un porcentaje creciente de indecisos (24%). Más de un centenar de mujeres, constata Accem, han retornado para cuidar a sus familiares o porque no soportaban el estrés que suponía estar separadas de sus seres queridos, muchos de ellos hombres combatiendo en el frente. De hecho, en estos dos años, Cruz Roja estima que ha brindado apoyo emocional a 2.436 personas provenientes de Ucrania. Por otro lado, alerta la Fundación Madrina, muchas mujeres temen que, como el reclutamiento de hombres empieza a agotarse, las llamen para empuñar armas.
¿A qué están esperando?
Sólo el 11% de los desplazados a otros países reconoce que no tiene la intención de volver, revela Acnur. Entre ellos está la familia Chernyshenko. Krystina y Yaroslav huyeron de Ucrania con su hijo de 4 años porque ella estaba embarazada y la situación era cada vez más dramática. Él tiene problemas de salud que le eximían de ser llamado a filas, por eso pudieron salir del país. «Los primeros días él quería ir a combatir, había muchos ucranianos que querían alistarse», explica Krystina. «Pero pasado el tiempo, cuando vieron que hay poderosos haciendo negocio, muchos dejaron de querer ir al frente. Sobre todo desde que Occidente ha ido retrasando la entrega de ayuda militar». Tienen claro que no van a volver, aunque parte de su familia sigue en Ucrania: «No vemos un futuro para nuestros hijos allí».

Por ese futuro está combatiendo Lobo (que prefiere mantener el anonimato y usar su pseudónimo militar), que días antes de aquel fatídico 24 de febrero de 2022 decidió que dejaría Madrid, donde llevaba viviendo más de veinte años, y se uniría al ejército de su país natal. Lo consiguió en mayo de ese mismo año. «En España se ha quedado mi pareja, que obviamente empezó a regañarme, a pedirme que no me fuera, que no la dejase sola... Pero la verdad es que no podía quedarme cuando habían matado ya a varios amigos. Aquí están mis hijos. Sabiendo que podían llamarles a filas, ¿cómo me iba a quedar en el extranjero? Tenía que volver con mi pueblo y mi familia», asume con orgullo.
No fueron muchos los ucranianos que se animaron a cambiar España por la guerra, admite, y algunos ya han muerto. Sin embargo, apunta con esperanza, también hay voluntarios extranjeros que se han unido a su causa: «Yo creo que los nuestros tienen que tener vergüenza. Si acuden a la guerra hombres de otros continentes, ¿a qué están esperando los ucranianos que están sanos y tienen edad de combatir?». El dilema, entrando ya en el tercer año de combates, sigue siendo irresoluble.
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