Cómo tomó Joe Biden la decisión final
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El sábado por la noche, la decisión estaba tomada. El presidente, aislado en su casa de la playa con coronavirus, rodeado de su familia y sus colaboradores más cercanos, asumió la realidad de las encuestas, ponderó la creciente oposición en su partido y decidió ... que ya no valía la pena seguir peleando.
El domingo, llamó a su vicepresidenta, Kamala Harris, y le dio la noticia. Luego habló con su jefe de gabinete en la Casa Blanca, Jeff Zients, y con la directora de su campaña, Jen O'Malley Dillon. A las 13:45, convocó a su círculo más cercano a una videollamada. Mientras Biden comenzaba a hablar, su perfil personal en la red social X publicó una carta en la que anunciaba que renunciaba a la candidatura, a pesar de haber ganado las primarias. Su jefe de gabinete contactaba, uno a uno, a los miembros del gobierno, incluyendo a los 25 secretarios y directores de agencias.
La derrota de Biden comenzó con el debate con Donald Trump, que él mismo propuso el 15 de mayo. El resultado, en la sede de la CNN en Atlanta, fue desastroso; Biden apareció cansado, letárgico y confundido. De ahí se fue a una fiesta que debía ser de celebración pero terminó en bochorno. Su mujer Jill, ante las cámaras, le dijo: «Lo has hecho muy bien Joe, respondiendo a todas las preguntas, te lo sabías todo». Era lo contrario de lo que todo el país acababa de ver.
Biden trató de remontar, pero las encuestas lo hundían cada día un poco más. Hizo campaña con viajes a Wisconsin y Pensilvania, dio entrevistas y confió en la cumbre de la OTAN para recuperarse. La cerraría con una rueda de prensa de una hora, admitiendo repreguntas, sin filtros. No fue un desastre, pero tampoco le fue bien. Tuvo que dar explicaciones por haber llamado al presidente de Ucrania Vladímir Putin y a su vicepresidenta Donald Trump. Defendió su presidencia, pidió que se fijaran en en las mentiras del republicano. Estaba claramente exasperado.
El 15 de julio hizo su último viaje como candidato a Las Vegas, buscando el apoyo de los sindicatos, los hispanos y su base. Se contagió de coronavirus y el 17 tuvo que regresar rápidamente a su casa en Delaware, donde le esperaba su familia. A sus 81 años, es población de riesgo y al bajar del avión se le vio cansado, lento, lastrado por el peso de la edad.
Iba a pasar cinco días de aislamiento, que terminaban este lunes. Hasta el final, seguía manteniendo que no iba a renunciar, que era el único que podía vencer de nuevo a Trump. Mientras tanto, cada vez más diputados demócratas y algunos senadores se unían al grupo que pedía abiertamente su marcha.
Biden se reunió el viernes y sábado con un pequeño grupo de familiares y asesores en su casa de la playa en Rehoboth, un lugar de veraneo popular entre los washingtonianos. A los jefes de gabinete y campaña se unieron los consejeros Steve Ricchetti, Mike Donilon, Annie Tomasini y Anthony Bernal, todos en la misma casa de vacaciones del presidente.
El viernes por la tarde hubo una llamada de la campaña —sin Biden— con grandes donantes del partido, los millonarios que temen un regreso de Trump. La vicepresidenta Harris se unió a la llamada de Zoom, y dijo que confiaba en una victoria. El sábado por la noche asistió a una cena con algunos de esos mismos donantes y recaudó más de dos millones. Todas las miradas estaban ya puestas en ella.
Biden tomó su decisión solo el sábado por la noche, dijo que rezando. Es hombre de mucha fe, de los de ir a misa los domingos. Después se fue a la cama. Cuando se despertó, lo comunicó a su familia.
Varios de sus asistentes, los que más le han estado defendiendo en redes sociales y peleándose con periodistas, se mostraron molestos el domingo por haber sido de los últimos en enterarse. Algunos incluso estaban trabajando el domingo por la mañana para prepararle la semana de campaña a Biden. El desasosiego duró poco.
Minutos después de publicar la carta, la continuidad estaba clara. Biden mandó otro mensaje en la red social X en el que dijo que apoyaba a Harris para sucederle.
En cuestión de unas pocas horas, la campaña mandó un correo oficial a la Comisión Electoral notificando que la campaña de primarias pasaba de llamarse Biden/Harris a ser, simplemente, «Harris».
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