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especial san fermin 2010

San Miguel, el «hermano» mexicano de San Fermín

Los sanfermines son tan populares en México que incluso tienen su hermano gemelo: la pamplonada o sanmiguelada

M.Cascante

manuel m. cascante

Los sanfermines son tan populares en México que incluso tienen su hermano gemelo: la pamplonada o sanmiguelada. San Miguel de Allende, una de las ciudades más bellas del país y Patrimonio de la Humanidad, recupera este 2010, después de tres años en blanco, una tradición que nació en 1973 y que emula, el tercer o cuarto sábado de septiembre, las fiestas pamplonicas: encierro de reses bravas, corredores inmaculados con pañuelo rojo, miles de turistas, litros de alcohol e, incluso, camisetas piratas de esa marca vacuna de Iruña con un nombre parecido a “kalimotxo”.

El Consistorio que San Miguel de Allende se había convertido en una cantina que albergaba a más de 50.000 visitantes

El ayuntamiento de esta localidad del Estado de Guanajuato decidió someter a referéndum si se volvían a realizar los encierros: de 2.690 ciudadanos que acudieron a depositar su voto, el 68 por ciento avalaron el regreso de la sanmiguelada. El festival fue suspendido en 2006, al considerar el anterior Consistorio que San Miguel de Allende se había convertido en una cantina que albergaba a más de 50.000 visitantes (un número equiparable al de sus residentes) y rebasaba la capacidad de la ciudad en materia de seguridad, así como que el festejo no está vinculado a las tradiciones mexicanas e implica un gasto extraordinario en restauración de inmuebles históricos.

Sin embargo, la derrama económica que dejaba la fiesta mantenía a la ciudad durante cinco meses. Según la actual alcaldesa, Luz María Núñez Flores, el municipio perdió más de 210 millones de pesos (unos 13 millones de euros) en estos tres años por la suspensión de esta celebración taurina.

La sanmiguelada tiene lugar el primer sábado que caiga entre el Día de la Independencia de México (16 de septiembre) y el día del santo patrón de la ciudad, San Miguel Arcángel (29 de dicho mes). Las calles que rodean el jardín principal del zócalo de la ciudad se vallan para marcar el recorrido del encierro, convertidas en un remedo de la Cuesta de Santo Domingo, Mercaderes y Estafeta. Los participantes son en su mayoría jóvenes, y empiezan el festejo desde la noche anterior. Un pizarrón va anunciando el número de heridos. Después, y hasta la madrugada, los mozos cambian el pacharán por el tequila, pero que no falte. Sólo falta el “Riau Riau”.

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