Polonia evalúa la herencia de Kaczynski
El hermano del presidente fallecido logra aventajar a Komorowski al abrirse los comicios presidenciales

Kaczynski quiere suceder a Kaczynski, el trágicamente fallecido presidente de Polonia, en el estilo y no sólo en el puesto. El hermano gemelo Jaroslaw, en campaña por la reposición electoral, parece abandonado de su antiguo yo, reivindicante y chauvinista; calzado con el traje más atemperado de su hermano, esto para desespero del más centrista Bronislaw Komorowski, que se vé no sólo privado de tentetieso sino bajando en las encuestas.
En el día de la elección presidencial, el conservador Kaczynski (Ley y Justicia, PiS) ofrece una imagen atemperada políticamente y suavizada humanamente por la tragedia. Esto ha gripado a la Plataforma Cívica (PO), que de la rudeza de los Kaczynski obtenía réditos moderación. Así que ha sido el liberal Komorowski, y su sabueso especial, el diputado Janusz Palikot, el que torpemente ha buscado al viejo Kaczynski, sin éxito.
Es “incuestionable” que el nuevo Kaczynski “atrae a un mayor número” de polacos que el antiguo, confirma en la universidad el sociólogo Janusz Czapinski. Al día del siniestro aéreo, Jaroslaw Kaczynski era uno de los políticos menos considerados. En el último sondeo de GfK el hermano aventaja al gubernamental en dos puntos (49%-47%).
Komorowski ha carecido de planta y certidumbres e incluso ha sonado populista, usando a su familia para mostrar la soltería de su oponente y recurriendo a la guerra en Afganistán. Como apunta el presidente de Warsaw Voice, Komorowski está donde estaba, pese a tal apoyo mediático que ha hecho al sereno Rzeczpospolita hablar de “conjura”; y es Kaczynski el que ha saltado al ruedo, capitalizado en el afecto a su hermano y virado al centro.
Bajo el presidente Kaczynski y con PO en el gobierno, Polonia ha sido única en la UE en sortear la recesión, aunque el déficit alcanza al 7% del PIB y, la deuda, el límite legal del 55%. El ministro de Hacienda ha advertido del peligro financiero “húngaro” de un Kaczynski lenguaraz, pero el catedrático Slawomir Sowinski anima al gobierno a dejarse de “augurios de Casandra” y “presentar un programa de consolidación”. Ajuste que requerirá consenso y Sowinski teme que ningún candidato lo hará, “más preocupado de las legislativas del año próximo”.
Mano abierta a Alemania y Rusia
Ambos han eludido la transparencia sobre sus propósitos fiscales o de reforma, así como el espectro nombramientos a que aspiran. Pero el cálculo que empresarios e inversores comentan a este diario es que, “el mismo partido” en la jefatura del estado y del gobierno “hará más fácil las cosas, al ejecutivo y a Bruselas”, como asume también la politóloga Anna M. Sosnowska. A sabiendas de la largueza del veto presidencial cuando el gobierno es ajeno, en un país donde un presidente ceremonial posee el inmenso caudal político de la elección directa, pero “sólo poderes destructivos, esto es, de veto”, dice el editor Andrzej Jonas.
El nuevo Kaczynski se ha imbuído del espíritu paternal de su hermano. Muchos “sólo han reconocido ese tono” que pulsaba el ex presidente, “cuando lo han perdido”. Jaroslaw abre ahora la mano a Alemania y hasta a Rusia, antes nombrados sólo como deudores de Polonia. Y obvia su abstracta “reconstrucción moral de un estado” tras la corrupcion postcomunista, hablando de en la superación del pasado. Por primera vez no excluye a los antes “mafiosos” postcomunistas.
Esto ya ha sonado a electoralismo ¿Es todo un truco el nuevo Kaczynski? El sociólogo Andrzej Richard cree que sí y también el primer ministro Donald Tusk dice no creer a su edad “en metamorfósis semejantes”. El arquitecto Jaros Krupa tiene tres razones para no votar a Kaczynski: “Rydzyk, Lepper y Gertych”, los ultramontanos que lo apoyaron en su gobierno de 2006. Polonia tiene la oportunidad de averiguarlo, o no, hoy y durante los próximos años.
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