venezuela
Carlos Andrés Pérez el gran amigo de Felipe González
El ex presidente venezolano, fallecido ayer, estuvo presente en algunos de los mayores escándalos del felipismo, como Rumasa

La imagen de Carlos Andrés Pérez (CAP) para los politólogos oscila entre la del demócrata que pudo sobrevivir a dos asonadas protagonizadas por Hugo Chávez y sus correligionarios golpistas, y que supo abandonar el poder sin aspavientos al ser condenado por la justicia –qué remedio le quedaba- por “fraude a la nación”... y la imagen del político corrupto, estereotipo de tantos y tantos dirigentes iberoamericanos, que se adueña de los dineros de la nación en beneficio propio y de sus amigos.
Pero en España, la imagen de CAP se muestra indisociablemente unida al ex presidente del Gobierno Felipe González, y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de los primeros años de la democracia. No en vano, ya que a ambos les unió como mínimo una gran amistad personal. Hay quienes aseguran que algo más.
Siendo Carlos Andrés vicepresidente de la Internacional Socialista hizo cuanto estuvo en su mano para apoyar a los entonces dirigentes del PSOE, casi todos en la clandestinidad y muchos aún en el exilio a la espera de la transición en España.
Y durante su primera etapa como presidente de Venezuela, CAP puso a disposición de Felipe González su propio avión presidencial y le acompañó en su vuelo de regreso a España, una vez muerto Franco.
Hay muchos que piensan todavía en el seno del PSOE que Carlos Andrés Pérez fue de alguna manera un padrino, casi un hermano mayor, para Felipe.
Ya como presidente del Gobierno, González mantuvo durante años esa estrecha amistad con CAP, a pesar de algunos episodios dudosos como unas declaraciones de Carlos Andrés Pérez sobre ETA que levantaron ampollas.
Ya para entonces, a comienzos de los 90, algunos etarras vivían en Venezuela acogidos por CAP a petición del propio Felipe, tras las fallidas negociaciones de Argel entre el Gobierno español y ETA.
Desde la llega al poder del PSOE, el 28 de octubre de 1988, fueron días de vino y rosas para la grey socialista, varios años de favores entre ambos, de mucho dinero cruzando el Atlántico en uno y otro sentido.
Como la repentina fortuna amasada por el empresario venezolano Gustavo Cisneros en España en 1983, a raíz de la expropiación de Rumasa, de la que fue uno de los principales beneficiarios al adquirir Galerías Preciados. Una verdadera ganga de la que obtuvo más de 28.000 millones de pesetas en plusvalías.
Como los 3.000 millones de dólares concedidos en junio de 1990 por Madrid a Caracas como “impulso al desarrollo”. No faltaron voces que señalaron que era el pago por acoger a los etarras.
Grandes gazapos, en fin, del felipismo. Grandes escándalos, más bien, en los que CAP estuvo presente.
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