Camino a la integración
Los ataques del 11-S supusieron un frenazo a la integración de la comunidad musulmana en Estados Unidos. Diez años después el proceso continúa, lento, pero seguro

Shabbir Ahmad llegó a los Estados Unidos en 1981. Tenía 45 años y trabajaba como camarero en las Torres Gemelas cuando se vinieron abajo. Su sueño era que sus tres hijos pudieran ir a la universidad. Tariq Amanullah había inmigrado desde Pakistan. En el momento del ataque era vicepresidente de la fiduciaria Trust International. Mohammad Salman Hamdani fue encontrado con su equipo médico bajo los escombros. Tenía 23 años. Syed Abdul Fatha, Nizam Hafiz, Zuhtu Ibis o Abdul K. Chowdhury, son solo otras víctimas más del atentado contra las Torres Gemelas . Todos ellos practicaban el islam.
Diez años después, cientos de miles de mujeres, hombres y niños, seguidores de Mahoma han sido asesinados como consecuencia de las dos guerras que Estados Unidos levantó en nombre de la seguridad mundial. La cifra es difícil de calcular, pero aún más difícil ha resultado para las familias de las víctimas musulmanas del 11-S que e l recuerdo de sus familiares escape a la “islamofobia”. Tras los ataques, el choque de civilizaciones en el que insistía el politólogo Samuel Huffington ha estado más cerca que nunca.
“La segunda comunidad más afectada en el 11S fue la islámica” , asegura William Rodríguez, el último hombre en salir con vida de las Torres Gemelas, y héroe nacional gracias a su indispensable labor en las tareas de rescate –era el único hombre con la llave maestra de las puertas del WTC–. “La comunidad musulmana acá no está tranquila, no se siente segura. Hay una islamofobia constante”. Rodríguez, líder de los supervivientes latinos, es categórico cuando dice que “es una ridiculez que no se piense con racionalidad. En todas las religiones va a haber grupos extremistas. Mira lo que pasó en Noruega ”.
Darse a conocer
Para el imán Mahdli Bray, director de la Sociedad Musulmano-americana (MAS, por sus siglas en inglés) «la discriminación es un precio que toda minoría paga en un país» . El 11-S, asegura, “ha tenido un impacto en la integración de la comunidad musulmana en la sociedad norteamericana, pero no ha detenido el proceso”. Y en efecto, a día de hoy, esta minoría ya cuenta con dos miembros en el congreso de los Estados Unidos, André Carson , por el estado de Indiana, y Keith Ellison, por Minnesota.
“Lo que no podemos hacer es encerrarnos en una coraza”, dice Bray. Este afroamericano convertido al islám, cree que la mejor forma de integración es darse a conocer. “Hay que trabajar en la sociedad, dejar que la gente te conozca, y hacerles saber que no eres como los extremistas”. Bray nunca ha sido ajeno a la polémica, por su supuesto apoyo a Hamás y Hezzbola, que él niega. Y repite una y otra vez que “quienes cometieron los atentados eran enemigos de toda la gente” .
Nancy Meyer vive en el estado de Nebraska. Su cuñada, Lauren Catuzzi Grandcolas, viajaba en el United 93. “En diez años he visto como mi estado se ha vuelto cada vez más intolerante con los musulmanes”, dice Meyer, que durante la primavera da clases de tolerancia a estudiantes de sexto grado. “Este año hemos invitado a un ponente para que hablara sobre el islam. Estas clases son importantes porque la intolerancia viene del desconocimiento de esta religión”, asegura.
Rahma Salie tenía 28 años y estaba embarazada de siete meses. Su esposo, Michael Theodoridis, griego convertido al islam, viajaba a su lado en el vuelo de American Airlines 11. Taimour Khan trabajaba en Carr Futures, una compañía de finanzas que se encontraba en el piso 92 de la torre norte del Word Trade Center. A las 8:45 de la mañana del 11 de septiembre , el Boeing 767 en el que viajaba Salie, su marido y su hijo, impactó contra esa planta. Poco después de aquel día, la madre de Rahma Salie apareció en los medios diciendo: “Mi hija era musulmana, quiero que todo el mundo lo sepa. Nosotros, los musulmanes, también somos víctimas de esta tragedia”. Pero la mayoría parece haberlo olvidado.
Diez años después, la sociedad norteamericana sigue dividida
Hace un año, la construcción de un centro cultural islámico a pocas manzanas del WTC, promovido por el imán Feisal Abdul Rasuf, avivó las heridas del 11-S. La construcción de «la mezquita de la zona cero» como se malinterpretó el proyecto, está estancada en estos momentos por su elevado coste –100 millones de dólares–, aunque continúa con su actividad. Las protestas en contra llegaron hasta Florida, donde un sacerdote integrista, el famoso Terry Jones, amenazó con quemar decenas de coranes . “Es una hipocresía tomarlos a ellos como chivos expiatorios cuando lo que han hecho es una politización de la zona cero”, dice Rodríguez. Muchas familias estuvieron a favor del Park51. Meyer recuerda que desde “Peaceful Tomorrows” (organización que reúne a algunos de los familiares de los fallecidos), fueron muy activos en la defensa de la libertad de culto.
Otros lo consideraron un insulto. En una carta dirigida al alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, Carol Olsen, madre del bombero Jeffrey Olsen, escribía en contra del proyecto: “la apatía ante el dolor de las familias y amigos de la gente asesinada en nombre de Alá hace que grupos como SOIA (Stop Islamization Of America) sean sus únicos aliados”. SOIA es un grupo radical de extrema derecha que alerta sobre la supuesta islamización de Estados Unidos. D iez años después, la sociedad norteamericana sigue dividida . Este año, Carol ha decidido no asistir a los actos conmemorativos del décimo aniversario del 11S.
Un Joven Jedi
Pero tal vez, el ejemplo más destacado de la conjunción entre las dos culturas, dos civilizaciones según Huffington, fue Mohammad Salman Hamdani. Este sanitario de 23 años falleció cumpliendo su deber. Aquel día, Salman se dirigía a la Rockefeller University cuando el humo en las torres lo hizo desviarse. “Mi hijo respondió al llamado de su deber de forma voluntaria, corrió a ayudar a sus compatriotas y dio su último sacrificio,” dice Talat Hamdani, su madre. Los restos de Salman fueron encontrados mucho tiempo después.
Este joven sanitario, que había emigrado desde Pakistán con su familia cuando él tan solo tenía trece meses, lo tenía muy claro. “Salman decía que uno no era americano si no había visto la saga de 'Star Wars'”, cuenta su madre. La matrícula del coche de este musulmán-americano rezaba: “Joven Jedi ”. Aquel día la fueza lo acompañó para acudir al centro del peor ataque jamás sufrido por los Estados Unidos, pero el lado oscuro fue más fuerte, y se lo llevó para siempre.
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