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La reencarnación del imán Shamil, libertador del Cáucaso

El principal promotor del terrorismo suicida en el Cáucaso se ha atribuido todos los atentados contra Rusia y preconiza el uso de armas químicas

Shamil Basayev (izquierda) fue primer ministro de la efímera Chechenia independiente. AFP

MOSCÚ. Shamil Basayev, la «bestia negra» de Moscú, se ve a sí mismo como una reencarnación de su tocayo el imán Shamil, que luchó contra el Imperio ruso a mediados del siglo XIX para intentar unificar todos los territorios del Cáucaso Norte en un gran emirato independiente.

Este imán daguestaní libró su última batalla en el pueblo de Vedeno, en las montañas del Este de Chechenia, que casi un siglo más tarde, en 1965, vería el nacimiento de un segundo Shamil dispuesto a seguir sus pasos.

El joven Basayev contó con ejemplos para inspirarse también en su propia familia: su abuelo luchó contra los rusos tras la revolución bolchevique para defender el efímero emirato proclamado por Uzun Haji, y varios de sus parientes combatieron en la guerrilla en los años cuarenta. Tras la Gran Guerra, la familia Basayev fue deportada a Asia Central por Stalin, junto con la mayoría de la población chechena, por supuesta cooperación con la Alemania nazi.

A pesar de estos antecedentes, Shamil Basayev empezó su carrera en el pacífico mundo de la venta de ordenadores y ahí podría haber continuado de no ser por la evolución de la historia. Paradójicamente, su primera intervención pública tuvo lugar en agosto de 1991, junto a los «defensores de la democracia» frente al golpe de Estado: las cámaras captaron su imagen en la Casa Blanca, donde permaneció armado para proteger a su paisano, el presidente del Soviet Ruslán Jasbulatov. Sin embargo, tres meses después Basayev perpetró su primer acto terrorista, al desviar un avión rumbo a Ankara para impedir que los rusos mandaran tropas a Chechenia.

Desde entonces no paró de guerrear. Al año siguiente encabezó un batallón en la guerra que separó a Abjasia de Georgia (con apoyo ruso, nueva ironía). Cuando Yeltsin mandó al Ejército a aplastar el régimen independentista de Dyojar Dudayev, Basayev se convirtió en el cabecilla más osado. Recurrió al terrorismo en la toma de rehenes de Budionovsk y tuvo un papel destacado en el asalto a Grozni, que obligó a los rusos a firmar la paz en 1996.

Basayev se convirtió en primer ministro durante la etapa de independencia, pero la inacción le aburría y fue entonces cuando se convirtió al islam más radical. En agosto de 1999 quiso «liberar» la tierra de su precursor, Daguestán, con una incursión a la que siguió la segunda intervención rusa. Acabada la fase de combates, Basayev se convirtió en el principal promotor del terrorismo suicida. Se ha atribuido prácticamente todas las acciones de este tipo, incluso las que no patrocinó, como el asalto al Teatro de la calle Dubrovka, y no vacila en defender el uso de armas químicas. Los rusos le han dado por muerto tres veces, pero siempre ha «resucitado» para proseguir su guerra santa.

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