La temida amenaza islamista
El inminente decreto de amnistía general permitirá el regreso del líder integrista Rachid Ghanuchi

Por vez primera desde la huida del dictador, un líder islamista dio ayer la cara al frente de una de las numerosas protestas que afloraron en Túnez pidiendo el fin del partido de Ben Alí. A la cabeza de la marcha que emergió por una de las bocacalles de la avenida Burguiba se encontraba el líder islamista Sadok Chourou, antiguo presidente de Ennahdha —movimiento islamista tunecino prohibido—, quien fue liberado en octubre de 2010 tras pasar 20 años en prisión. «El nuevo gobierno no representa al pueblo y debe caer», gritaba Chourou.
En el vecino barrio de la Puerta de Al Yasira se levanta, elegante, el alminar de la mezquita de Al Gofram (La Piedad). Su imán, Ibrahim, no quiere dar su apellido —«todavía hay miedo», dice a modo de pretexto—, pero se le nota encantado con los acontecimientos. «Hemos rezado mucho por este momento», nos dice. «Han sido muchos años sin libertad para los buenos musulmanes; se nos miraba muy mal por nuestras barbas, y las mujeres no podían entrar con el velo en los edificios oficiales».
Su secretario, Modher Karim, asegura que su líder volverá de modo inminente del exilio en Londres. Nadie duda de la inminencia de un decreto de amnistía general —prometido por el primer ministro— que permitirá el regreso del líder integrista Rachid Ghanuchi, confundador del Partido Renacimiento, ilegalizado hace 20 años. Ghanuchi está condenado en ausencia a cadena perpetua.
Después de tantos años, es muy difícil saber exactamente cuál es el arraigo del islamismo radical en Túnez. Pero el arzobispo católico del país, el palestino Maroun Lahham, nos comenta que es muy improbable que arrastre masas. «En Túnez el islam ha sido siempre moderado, nunca fanático», comenta, tras concluir una conversación telefónica con una autoridad del Vaticano. El Papa sigue de cerca la situación en Túnez y en todo Oriente Próximo, y probablemente cite la actual crisis en su discurso de este domingo.
Más tolerantes
«No creo que el retorno de los islamistas radicales vaya a empeorar la situación —nos dice monseñor Lahham. Túnez no es como otros países de la región. Sus gentes son muy pacíficas y tolerantes. Pero habrá que esperar y ver. No hay que olvidar nunca que el discurso religioso entre los árabes tiene una influencia muy fuerte. Y la palabra “islam” mueve a los musulmanes, aunque no sean practicantes».
Francia y EE.UU. le hicieron el juego a Ben Alí, al que veían como una barrera frente al islam radical. Y algunos manifestantes no dudan en identificar a esos gobiernos con «la cruzada cristiana contra los musulmanes». «Es normal que algunos hagan esa extraña relación —comenta el arzobispo de Túnez—; también algunos occidentales identifican al árabe con el musulmán, y yo soy árabe católico». No acuden masas a la llamada de la oración de Al Gofran del mediodía. En fechas normales, pocos tunecinos acuden a las mezquitas. Menos ahora, en plena efervescencia política.
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