Monnet & Co.
Espíritus animales
La Unión afronta un desafío demográfico que debería ser atendido, entre otras medidas, por una apertura selectiva a la inmigración
Antes de llegar a la cumbre europea Angela Merkel ha advertido en el parlamento alemán que «la inmigración puede decidir el destino de la Unión Europea». Los sentimientos y miedos de los votantes de muchos países, los «espíritus animales» de los que escribió Keynes, no ... entienden de hechos ni de estadísticas. Hace dos años que disminuye la entrada de inmigrantes en el continente, pero la percepción más extendida es la ausencia de controles en las fronteras externas y las dificultades extraordinarias a la hora de abordar la integración social de los recién llegados. La paradoja es que la Unión afronta un desafío demográfico que debería ser atendido, entre otras medidas, por una apertura selectiva e inteligente a la inmigración, si quiere preservar su Estado del Bienestar y renovar los contratos sociales y la solidaridad intergeneracional en cada uno de sus países. El otro gran asunto de esta cumbre de junio es el rediseño del euro, pendiente de medidas que hagan realidad la promesa de las uniones bancaria, fiscal, económica y política, la hoja de ruta trazada en 2012 sin la cual no se habría salido de lo peor de la crisis de la moneda común. Pero el anhelado acuerdo entre Angela Merkel y Emmanuel Macron sobre el gobierno económico de la zona euro es todavía un entendimiento de mínimos y lo sería también si la crisis migratoria no estuviese en el centro del debate público en Alemania y lo complicase todo.
Una de las cosas que han lastrado la integración en los últimos tiempos ha sido exigir a Bruselas resultados en áreas en las que no tiene competencia. Hay una tendencia algo infantil por parte de los electorados nacionales en su reclamo de soluciones europeas. Tanto el rediseño del euro como una política de inmigración a escala continental requieren transferencias adicionales de poderes a la Unión y método comunitario, si se quieren abordar con ciertas posibilidades de éxito. Pero los gobiernos nacionales de los 27 socios, con la excepción de una península ibérica, que por sí misma no puede generar una dinámica europeísta, se resisten a dar los pasos necesarios.
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