Elecciones Alemania 2013: Los alemanes aman a Merkel
Muchos ciudadanos de este país consideran a la canciller como una madre protectora

A la pregunta de si se sienten satisfechos con la labor desempeñada por l a canciller Merkel , un 70 por ciento de los ciudadanos de Alemania han respondido afirmativamente. Un altísimo porcentaje que la sitúa indiscutiblemente a la cabeza de los políticos germanos. Le sigue en la lista su ministro de Finanzas, el también democristiano Wolfgang Schäuble . Son los dos personajes más estimados en el país, quienes les han dado amparo y confianza en estos años de crisis económica internacional.
A Merkel en los medios de comunicación y en la calle muchos la llaman «Mutti», diminutivo de «Mutter» ( «madre» ), término que desprende simpatía, confianza y cercanía. Y es que Merkel representa a la mujer alemana adulta y respetada, la que instaló la ideología del pragmatismo de posguerra, la que reconstruyó Alemania, y en buena parte hizo el alabado «milagro alemán».
Merkel es Alemania: será reelegida por segunda vez -aliada bien con los liberales del FDP, bien con los socialdemócratas del SPD- y dirigirá por tercera legislatura consecutiva el motor económico de la eurozona. Lo hará porque sus compatriotas se identifican con ella. Lee lo que la mayoría de los alemanes leen, actúa como actuaría la mayoría y, además, pone en su justa medida los ingredientes de un emergente nacionalismo que muchos alemanes desearían expresar pero mantienen en la recámara, reprimido por el complejo de culpa y la responsabilidad histórica en el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial.
Un collar patriótico
El collar con los colores de la bandera alemana que la mujer con más poder del mundo según la revista «Forbes» lució en el debate televisivo junto a su rival socialdemócrata , Peer Steinbrück , fue un detalle sintomático: Merkel es Alemania . Pasado el debate, la canciller siguió luciendo un collar del mismo tipo, pero, por supuesto, sin los colores de la bandera: un guiño, un malabarismo de «marketing» político brillante con efecto directo en los indecisos de tendencia antieuropeísta.
«¿Qué mejor política europea que la alemana?». Así lo piensan uno de cada dos alemanes, que creen además que, por más que duela, las medidas de austeridad impuestas a los países del sur son de justicia e imprescindibles. Los 62 millones de alemanes que están llamados hoy a votar quieren que los países del sur profundicen en las duras reformas económicas a cambio de solidaridad o integración europea a cuentagotas. En este sentido, no sorprende que la campaña electoral alemana haya puesto en pausa las decisiones en el seno de la Unión Europea . Casi ni se habla de asuntos clave como la unión bancaria, la adhesión de Serbia o Turquía, las políticas de crecimiento contra el desempleo en Europa o el tercer rescate a Grecia. El continente está paralizado a la espera de que los alemanes reafirmen - con la hiperinflación de la República de Weimar en la memoria- que desean más austeridad.
Merkel es Alemania. Una ciudadana de a pie, un ama de casa con gustos modestos, una mujer ahorrativa , que lleva el apellido de su primer esposo, una intelectual pragmática. A veces se le trata como si no fuera una curtida política. A sus compatriotas casi ni se lo parece. Más bien la toman -en tándem con Schäuble- como la guardiana de unos ahorros alemanes obtenidos con muchos años de esfuerzo. Y con esa imagen tan poco política Merkel ha terminado eclipsando a los políticos de su partido sin identificarse con ninguna de las alas del mismo. No, la canciller tampoco quiere identificarse con la CDU, sino con Alemania .
un 78 por ciento de los alemanes creen que la explicación que dio la canciller sobre la posible participación de Berlín en el espionaje masivo de la NSA revelado por Snowden es «poco creíble». Lo que no se contradice con situar a Merkel como el político que mejor hace su trabajo en Alemania. La maquinaria propagandística democristiana ha entendido muy bien que la imagen de la canciller es un filón electoral. Y los alemanes se sienten reconfortados de saber que su canciller no se va a las Bahamas de vacaciones ni tiene gustos demasiado exóticos, sino que más bien es «uno de los nuestros». Usa traje de noche, sí, pero sólo para actividades culturales como el wagneriano festival de Bayreuth . Y además, prefiere el senderismo de montaña a la playa. Merkel es Alemania: todo en la canciller refleja la media alemana. Es su gran diferencia con el candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, quien se ha preocupado también por marcar diferencias. Y ha llegado a afirmar que la canciller gana demasiado poco . Otro estilo, muy distinto, el de Steinbrück, que debió rectificar a la vista de la catástrofe, a la que se encaminaba.
Pulsiones nacionalistas
Merkel ha sabido usar astutamente las pulsiones nacionalistas de los alemanes y sus ansias de seguridad. Nadie imaginaba que los alemanes se identificarían hasta tal punto con ella cuando entró en la cancillería en 2005. Justamente, en ese sentido, uno de los reproches que se le lanzan es que su omnipresencia y su anclaje con la ciudadanía terminarían eclipsando de tal manera a sus compañeros de partido que acabaría convirtiéndose en figura única, sin rival y sin recambio generacional.
Según Bernd Ulrich , jefe de política del semanario «Die Zeit» , Merkel vende «continuidad» -«Usted me conoce», reza uno de los eslóganes de la canciller- a través de una mezcla de modestia y moderación. Muy en sintonía con la cultura alemana de postguerra y con la inclinación germana hacia la exactitud, la predictibilidad y y el razonamiento científico. Aunque Ulrich puntualiza que a su liderazgo también le ayuda la pésima imagen que los líderes socialistas se han dado a sí mismos.
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