JORNADA 38
1-0: En Europa por las bravas
JOSÉ MARÍA IGEÑO
El vigésimo gol de
Julio Baptista mete al Sevilla de Caparrós en la UEFA frente a un durísimo Osasuna, en
un partido lleno de bronca y de emoción. Nervión, con las gradas a reventar, soltó en
una fiesta final toda la frustración acumulada en casi un decenio de reveses
SEVILLA.
Nervión soltó de golpe toda la frustración acumulada en casi un decenio de amargura
porque su equipo, nueve años después, va a volver a Europa. El último esfuerzo, la
última gota de sudor tuvo su recompensa y el vigésimo gol, que se dice pronto, de Julio
Baptista metió al Sevilla en la ansiada Copa de la UEFA después de un partido bronco y
emocionante a partes iguales; después de un último triunfo de un grupo de futbolistas
inconmensurable en eso que se llama dar la cara. Había que darla una vez más, sólo una,
y esperar buenas noticias de Valladolid. Todo salió, no apareció el fatalismo que suele
acompañar la historia del Sevilla Fútbol Club cuando este equipo avista algún logro en
el horizonte, y el estadio, tan lleno como la ocasión demandaba, pudo al final explotar
de júbilo y hasta de rabia, que son muy pocos los pasos adelante que el equipo acumula en
generaciones enteras y, caramba, ya era hora.
Es la UEFA de Julio Baptista, sin lugar a dudas que lo es,
pero también la del trabajo de ese obseso del fútbol que atiende por Joaquín Caparrós,
que ha exprimido el limón hasta apurar casi más contenido que el que tenía; es la UEFA
de Monchi, que empezó a armar este equipo con cuatro duros en la época de Roberto Alés;
es la UEFA de los jugadores de la casa y, más aún, de ese tipo de futbolista que
encarnan los Pablo Alfaro, Martí, Esteban, David, Casquero..., gente comprometida con un
escudo que en algunos casos se han encontrado con su carrera ya muy avanzada, pero que lo
han hecho suyo con una actitud que sólo pueden valorar en toda su grandeza los que han
visto a este grupo trabajar cada día en la carretera de Utrera o meter la pierna esos
miércoles en Lebrija o en la Puebla... Es también la UEFA de un cuerpo dirigente al que
ha salido bien el cambio de estilo que trajo consigo la llegada a la presidencia de José
María del Nido, cuyo talante ambicioso sería tachado a estas horas de bravucón si al
Sevilla se le hubieran puesto por delante los Atlético o Villarreal. A ver quién niega
ahora que ha habido salto de calidad...
La crónica del último escollo para llegar a Europa podría
tener más de parte de sucesos que de interpretación futbolística. Algún que otro
equipo se hubiera arrugado frente a la exhibición de intensidad y de dureza con que jugó
el hipermotivado Osasuna, pero el Sevilla no rehuyó la pelea ni siquiera en el peor
sentido de la expresión. Entró a todos los trapos y no siempre a su conveniencia, porque
en la primera mitad fue el Osasuna el que mejor supo manejarse en medio de la bronca, las
interrupciones, los pelotazos y la falta de criterio en la distribución de la pelota. Los
de Aguirre supieron esperar atrás al Sevilla y crear al contragolpe más peligro que el
que rondó su propia puerta. Pero el buen partido defensivo de gente como Casquero o Pablo
Alfaro, sin olvidar alguna que otra intervención acertadísima de Esteban, mantuvo todas
las posibilidades en espera de un acierto arriba y de noticias favorables de Valladolid.
Lo de Zorrilla se fue resolviendo poco a poco con tremenda
claridad y lo de Nervión tuvo que esperar a una segunda parte en la que la tensión
-tanganas, agresiones e inhibición arbitral incluidas- fue incluso a más. El máximo
protagonismo le tocó una vez más a Julio Baptista, que a los nueve minutos de esta
segunda mitad controló un pase al hueco de Daniel -magnífico su toque con el exterior-,
encaró a Elía y marcó de disparo cruzado y con suspense, porque el portero del Osasuna
llegó a tocar el balón.
Luego ya todo fue aguantar atrás y buscar arriba -sin
precisión- a Carlitos, la baza con que Caparrós quiso matar el partido a la contra. El
Osasuna se fue al ataque dispuesto a dar bocados -no es sólo una expresión: que le
pregunten a Javi Navarro por los dientes de Bakayoko- y en el Sevilla se agigantó, para
que todo transcurriera con los nervios y los sobresaltos precisos, el oficio de Pablo
Alfaro. Otro símbolo, Pablo, de un equipo denostado, insultado desde tribunas capitalinas
que últimamente están de capa caída -rendidas a esa especie de Sevilla en grande que es
el Valencia- y que se recrearon al atribuir al central sevillista auténticos crímenes de
guerra. Son circunstancias que ahora se darían en llamar colaterales, pero que se agolpan
en el castigado corazón del sevillismo hasta multiplicar el gustazo que ayer se dio todo
el que siente en blanco después de demasiados años de frustración.
Ficha técnica
1 - Sevilla FC: Esteban; Redondo, Javi Navarro, Pablo
Alfaro, David; Daniel Alves, Javi Casquero (Aitor Ocio, m.89), Martí, Antonio López;
Julio Baptista y Germán Hornos (Carlitos, m.65).
0 - At. Osasuna: Elía; Izquierdo, Cruchaga, Cuéllar, Antonio López; Valdo, Puñal,
Muñoz, Moha; Aloisi (Webo, m.64) y Morales (Bakayoko, m.64).
Gol: 1-0, M.55: Julio Baptista.
Arbitro: Losantos Omar (Comité vasco). Expulsó con roja directa al osasunista Alfredo
(en el banquillo) a los 34 minutos por enfrentarse al delegado del Sevilla, Cristóbal
Soria, a su compañero Bakayoko y al local Pablo Alfaro, a estos dos en el minuto 93 por
agresiones mutuas. Además, amonestó a los visitantes Puñal, Moha, Aloisi, Antonio
López y Webó y a los locales Redondo, Daniel Alves, Esteban y Carlos.
Incidencias: Partido disputado en el Ramón Sánchez
Pizjuán ante unos 45.500 espectadores que llenaron el estadio. A la media hora de juego
se organizó una monumental tangana entre los componentes de los dos banquillos en la que
tuvo que intervenir la Policía Nacional. El encuentro estuvo parado cerca de cinco
minutos y el incidente se saldó con la expulsión con roja directa del visitante Alfredo
por intentar agredir al delegado de campo del Sevilla, Cristóbal Soria. Al final
invasión de campo de seguidores que festejaron la entrada en la UEFA.