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JORNADA 35


2-0: Una razón demoledora para pensar en Europa


JOSÉ MARÍA IGEÑO

Dos nuevos goles de Julio Baptista, uno arrollando de cabeza a la defensa del Athletic y otro de penalti, acercan al Sevilla a las plazas UEFA. El brasileño metió al equipo en el partido después de un mal arranque y los blancos terminaron superando con total claridad al equipo bilbaíno

SEVILLA. Otra vez Julio Baptista, otra vez el gran hallazgo del Sevilla y una de las irrupciones más sorprendentes de la Liga española. El gigante brasileño, que en Sao Paulo apenas marcaba goles porque jugaba lejos de la portería rival y que en Nervión se ha hecho compañero de selección de Ronaldo a base de demoler defensas con su formidable pegada, volvió a resolver por la tremenda un partido para el Sevilla. Dos goles, tres puntos, séptima plaza y Europa al alcance de la mano. Para que el multidifundido «salto de calidad» pase del marketing a la realidad hay que dar más pasos y es necesario que falle al menos uno de los dos rivales que van por delante, pero el equipo entero y su dinamitero particular se están ganando, a tres partidos para que todo termine, la condición de aspirante serio, muy serio, a la UEFA.

Después de un par de jornadas con más despistes defensivos de los que suele permitirse este equipo, en las que el Sevilla no salió peor parado gracias a su chispa atacante y a su capacidad goleadora, los de Caparrós mejoraron ayer notablemente en la faceta defensiva del juego -fundamental ahí el trabajo de Casquero y Martí por delante de la zaga- sin perder por ello su mordiente arriba. Como además los jugadores sevillistas dieron a su juego más intensidad y eficacia que los bilbaínos, a los que se notó un punto menos de ardor, de nervio y de anticipación que a los locales, resulta del todo lógica la victoria sobre este rival directo, al que el dos-cero deja también con el average perdido si se diera el caso de empate final a puntos con el Sevilla.

Ganó, efectivamente, el mejor, pero éste no lo fue de principio a fin. Para ver al Sevilla de ritmo fuerte, de líneas juntas, de concentración al máximo y de juego rápido y vertical, ese Sevilla de señas de identidad tan definidas cuyo fútbol agónico hace que los rivales le cojan asco a los partidos, hubo que esperar a que Julio Baptista metiera de lleno al equipo en la pelea con dos o tres aproximaciones de su estilo a la puerta de Aranzubia y, sobre todo, con un gol que tuvo ya un efecto definitivo: inyectó al equipo una sobredosis de autoconfianza a partir de la cual el Athletic ya tuvo poco o nada que hacer.

Cuando los de Valverde fueron mejores, en el arranque del partido, no hicieron daño. Pero dificultaron enormemente los movimientos del Sevilla con su presión adelantada e hilvanaron jugadas más precisas que las de los locales, que además de no dar una a derechas no contaban con la presión ambiental que el club esperaba porque el día salió con mucha lluvia y más pinta de San Mamés que de domingo de Feria sevillano. Estaba mucho más a gusto en el campo -pista muy rápida por el agua- el Athletic, que tenía buena salida por las bandas, que dejaba pocos metros a Martí y Casquero para obligar a jugar el balón desde atrás a los centrales y que cumplía con su primer objetivo en el apartado de la contención: no dejar que Baptista se diera la vuelta con el balón jugado. El brasileño falló a causa de un pésimo control una primera ocasión de gol servida con gran clarividencia por Antoñito, que lo dejó solo frente a Aranzubia con un gran pase. Pero en la jugada siguiente, Baptista entró con todo a rematar un córner -qué pocas veces se ha visto en la historia del Sevilla marcarle un gol de córner al Bilbao- y «fusiló» al meta vasco.

La dinámica de juego ya era otra y sólo se rompió en los primeros minutos de la segunda parte, cuando Valverde recurrió a Urzaiz como referencia arriba y mandó a Etxeberría a la derecha. El Sevilla tardó poco en recuperar su solvencia defensiva -muy bien David frente a todo el que entró por su banda; prometedor Sergio Ramos al cerrar la suya e intentar no rifarla jamás; recuperando su línea Pablo Alfaro para apagar los fuegos propios y algunos ajenos- y bien puede decirse que la victoria no llegó a peligrar en momento alguno. El Athletic fue dejando cada vez más espacios para el contragolpe y Joaquín Caparrós supo aprovecharlo al cambiar el pase y la posibilidad de inspiración de Antoñito por la velocidad de Carlos, que creó bastantes problemas a la defensa rojiblanca. Aunque los de Valverde tomaban la iniciativa del juego, el peligro real era de los de casa. Una combinación Baptista-Daniel terminó con penalti claro de Del Horno al interior derecho sevillista -la jugada debió ser de segunda amarilla para el lateral- y «La Bestia» dejó el pleito totalmente sentenciado desde los once metros.

La media hora final se consumió en medio de un control casi absoluto del Sevilla y una progresiva pérdida de fe en sus posibilidades por parte del Athletic Club. El equipo de Caparrós dejó buenas sensaciones de eso, de equipo, y superó algunas de las deficiencias en las que había caído en los últimos partidos. A Julio Baptista le entra casi cada balón que coge, los centrales -más Pablo que Javi Navarro-parecen dejar atrás la inseguridad de domingos anteriores, Sergio Ramos apunta muy alto, Casquero ha dado frescura al centro del campo y suma su tensión defensiva a la de Martí, Carlitos demuestra una velocidad muy aprovechable en los minutos que le dan... El final de Liga se presenta ciertamente ilusionante, con permiso de Athletic y Atlético.


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