El himno olvidado para toda la Hispanidad que impulsaron los Reyes Católicos
mONARQUÍA HISPÁNICA
La Pange Lingua, un himno eucarístico, fue versionada a cuatro voces por el músico flamenco Johannes Wreede para necesidades de los Reyes Católicos

Los Reyes Católicos gustaban de presentar sus victorias militares y políticas como éxitos de la fe. «Dios lo quiere así», sintetizaban en su concepción mesiánica de un reinado rico en conquistas. En el repertorio de símbolos y festejos religiosos con el que rebozaban sus triunfos, brilló con luz propia una adaptación hispánica del himno religioso 'Pange lingua', cuyo valor musical, más bien poco memorable, no explica la multitudinaria presencia que tuvo durante todo el reinado de Fernando e Isabel.
Como explica Eva Esteve en su artículo 'La creación de un himno para la nueva Hispania', contenido en una obra coral 'Juana I en Tordesillas: su mundo, su entorno' (Universidad de Valladolid), «el empeño de Isabel y Fernando en fundir los éxitos de la Corona y la Iglesia, utilizando el ceremonial del que forma parte esta pieza, tuvieron el suficiente éxito como para perpetuar una obra musical durante más de trescientos años en el panorama sonoro de la alegoría del triunfo católico».
Una adaptación de un himno medieval
La Pange Lingua es un himno eucarístico escrito por Santo Tomás de Aquino para la festividad de Corpus Christi (Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo) y con un peso histórico tradicionalmente religioso. Sin embargo, durante el reinado de los Reyes Católicos esta pieza musical fue versionada a cuatro voces por el músico flamenco Johannes Wreede, citado en fuentes hispánicas como Juan de Urreda, que trabajó en la capilla real aragonesa como cantor y maestro de capilla hasta mínimo 1482. El resto de su trabajo apenas tuvo trascendencia a nivel musical o político, pero esta adaptación 'española' del himno logró superar la treintena de copias, viajó al Nuevo Mundo y sobrevivió vigente en los actos públicos hasta avanzado el siglo XIX.

«Parece que el secreto de su éxito no se debe a su factura, nada excepcional para la época, y que sus transformaciones estilísticas tampoco respetan demasiado la composición original. Su identificación a nivel auditivo es más que improbable, por lo que se podría descartar una calidad musical extraordinaria, digna de perpetuarse en el tiempo», apunta Eva Esteve, doctora cum laude en Ciencias de la Música por la UCM de Madrid. La verdadera razón de su popularidad fue por cuestiones políticas.
Este himno se tocaba en el Corpus Christi, una fiesta de la Iglesia católica destinada a celebrar la Eucaristía y que para la Monarquía Hispánica terminaría convirtiéndose en el acto central de sus celebraciones religiosas y políticas. Lo que se celebraba, exaltaba y defendía en el Corpus era el dogma de la transubstanciación, es decir, la presencia real del mismo Cristo en la Eucaristía, que ponían en duda la heterodoxia religiosa.
En tiempos de los Reyes Católicos aún no tenía esa lectura de proclamación del catolicismo, pero ellos construyeron el imaginario y la simbología para una festividad central durante el periodo Habsburgo que conmemoraba los éxitos españoles. Los arcos triunfales, heredados de la Roma Imperial, los batallones armados y toda una iconografía se fueron incorporando a esta festividad religiosa donde tampoco podía faltar la música.
El Pange lingua se tocaba tanto con los oficios que acompañaban a estas procesiones como con el paso de los reyes por la ciudad. La música polifónica añadía solemnidad y magnificencia a las entradas reales, que solían contener en las procesiones referencias concretas a los triunfos militares sobre los musulmanes y, en la esfera americana, sobre los pueblos precolombinos. El himno estuvo muy presente, sin ir más lejos, en el Oficio de la conmemoración de la toma de Granada (1492).
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Política y religión se fueron mezclando cada vez con más fuerza y con ello el himno se fue haciendo más político. «Los monarcas construyen un paralelismo en el que, tanto el Sacramento como ellos mismos, son los representantes físicos de la Divinidad», recuerda Esteve en su excepcional texto. Componer polifonías sobre esta melodía hispana, ya sea en arreglos vocales o instrumentales, se elevó como una costumbre crucial en todo tipo de festividades públicas. Los Habsburgo la reservaron un papel protagonista y, a partir de 1581, se la denominó para más señas Pange lingua «more hispano».
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