Hispania en llamas: la cruel venganza entre reyes visigodos que estremeció al Imperio romano
En el 415, Sigerico sometió a todo tipo de tropelías a Gala Placidia, hija y hermana de emperadores y viuda de su antecesor, Ataúlfo

De Walia a Rodrigo pasando por Teudis . La lista de reyes godos es tan extensa como el tiempo que se impartió en los colegios. Y no por casualidad, sino por la costumbre de sus protagonistas de acceder al trono cuchillo en ... mano contra su antecesor. El «morbus gothorum» , que ya narramos en este diario. Sin embargo, de todos los asesinatos perpetrados entre visigodos, hubo uno que logró soliviantar a la Ciudad Eterna. En el 415, el monarca Sigerico avergonzó tanto a Gala Placidia , esposa de su predecesor e hija y hermana de emperadores romanos, que terminó muerto pocas jornadas después a manos de sus contrarios. Triste ejemplo de la sucesión por las bravas que se vivía en la Península Ibérica.
Al servicio de Roma
El comienzo de esta historia de venganza a la forma peninsular hay que buscarlo en Ataúlfo , monarca de los visigodos desde el 410. Sucesor de Alarico I , el hombre que puso en jaque a Roma por dos veces, decidió no continuar con la invasión de Italia tras la muerte de su predecesor. Sobre el papel, por la carencia de suministros. Hay que decir que jugó bien su particular partida de ajedrez con la Ciudad Eterna ya que, una vez que se calmaron las aguas, ofreció sus servicios como aliado a Honorio , al frente del Imperio romano de Occidente , a cambio –según explica el historiador Luis Agustín García Moreno en la Real Academia de la Historia– «de raciones de rancho para quince mil soldados godos».

Más que la comida, lo que quería nuestro Ataúlfo era ascender en el escalafón del maltrecho imperio. Juegos políticos, ni más ni menos. Pero le fue, como diría aquel, regular. La llegada de Constancio , uno de sus enemigos, a la poltrona no le granjeó demasiados ascensos. Y, como la buena Roma ya no era lo que había sido, el visigodo se movió entre bambalinas para mejorar su posición. «Ataúlfo hizo un nuevo y último esfuerzo de sustituir a Honorio por un Emperador dócil a sus designios, como era el antiguo usurpador Prisco Atalo , que había acompañado al ejército godo desde el fracaso de su primera asunción de la púrpura imperial en el verano del 410», añade el experto.
Con el ascenso al trono quedó patente el poder visigodo en la urbs . Y, al fin, arribamos hasta el vértice de la cuestión. Corría el 414, allá por tierras galas, cuando nuestro Ataúlfo , capaz de imponer mandamases al viejo imperio de las legiones, cerró su círculo de influencias particular al contraer matrimonio con Gala Placidia , hija de emperador romano ( Teodosio ), hermana de otro emperador romano ( Honorio ) y rehén desde hacía cuatro años atrás, cuando las huestes de Alarico habían saqueado Italia. «Con su matrimonio, optaba decididamente por su integración plena en el Imperio, emparentado con su aristocracia militar», añade el experto. Y añade más: a largo plazo, se habría olvidado de su pueblo para lograr que su hijo sentara sus reales en la Ciudad Eterna.
Los siguientes meses en la vida de Ataúlfo cuentan con sus luces y sus sombras. La feliz pareja engendró un pequeño, al que le pusieron el nombre de Teodosio . Una buena noticia que garantizaba a Ataúlfo el camino hacia el imperio. Pero cayó muerto poco después, lo que, en la práctica, suponía que se esfumaban las posibilidades de integrarse en Roma. Por si fuera poco, el ejército de nuestro protagonista, presionado y cercado, se vio obligado a pasar los Pirineos y penetrar en la Península Ibérica a finales del 414. El inicio de la presencia visigoda en Hispania, no hay duda, pero en la práctica una invasión sobre los pueblos ya asentados en la zona. Y, hasta aquí, los tomas y dacas políticos.
Gran venganza
Ya en Barcelona, Ataúlfo fue presa de lo que el obispo Gregorio de Tours llamó «Morbus Gothorum» ; término acuñado para referirse a los recurrentes asesinatos que, durante la era visigótica, se sucedieron en la corte para deponer monarcas que habían logrado el trono por elección de sus nobles (una mala tradición de los pueblos germánicos que, en nuestra defensa, aprendieron fuera de las fronteras hispanas). El sucesor de Alarico , el mismo que pisó por vez primera Hispania y dio lugar a una historia de eterna ligazón a la futura España, fue el hombre que inauguró esta insana costumbre.
En Barcelona le esperaba su destino. En el 415, Ataúlfo cayó presa del filo de uno de sus antiguos enemigos. «Unos meses después, en agosto o septiembre, Ataúlfo era mortalmente herido mientras inspeccionaba sus cuadras por un cliente suyo de nombre Evervulfo , que se vengaba así de la muerte de su antiguo patrono», añade el experto. Otras versiones afirman que fue muerto a manos de un soldado de la guardia personal (o séquito armado) de un antiguo caudillo local al que había quitado la vida. Como siempre, cuesta saberlo.

La lógica dictaba que, con su muerte, su sucesor, Sigerico , se habría olvidado para siempre de lo poco que quedaba de la familia de Ataúlfo . Nada más lejos de la realidad. Muerto el perro y el cachorro, fue a por su esposa. «Tras matar cruelmente a los jóvenes hijos de Ataulfo, al cuidado del obispo godo arriano Sigisaro , tal vez pariente suyo, Sigerico humilló públicamente a la viuda de Ataulfo , la princesa Gala Placidia, hermana del emperador Honorio, obligándola a marchar a pie junto a su caballo y con los demás prisioneros durante más de quince kilómetros», explica el experto en sus múltiples artículos sobre la era visigótica.
Por su parte, Ana María Jiménez Garnica , historiadora especializada en la Edad Antigua, especifica en «Nuevas gentes, nuevo imperio» que Sigerico «dio a la princesa Gala Placidia un trato impropio al incluirla en su cortejo triunfal en actitud humillante y denigrante». La experta también afirma que el nuevo monarca obligó a la romana a caminar «desde Barcelona hasta el duodécimo miliario», pero, como su colega, pocos datos más ofrece de ella.
Dice el refrán que, quien a hierro mata, a hierro muere, y eso fue lo que le ocurrió a Sigerico. Siguiente protagonista de la turbia lista del «Morbus gothorum», reinó solo durante siete días, tras los cuales fue asesinado por los partidarios de Ataúlfo. Tal y como confirma García Moreno, es más que probable que los instigadores del regicidio fuesen generales locales vinculados de una u otra forma a Honorio . El siguiente noble en hacerse con el trono, Walia, rompió la tradición de los asesinatos, aunque no se han logrado esclarecer todavía las causas de su fallecimiento...
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