El coletazo
La explosión en el aparcamiento del Centro Cultural de la Villa de Madrid, corazón de la ciudad, es el tercero que provoca la banda etarra desde el terrorífico atentado del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Afortunadamente, no ha producido muertos, pero sí heridos y grandes destrozos. Lo más significativo de este tercer ataque de los terroristas vascos es el lugar y la fecha. El coche bomba estalló doce horas después del comienzo del desfile militar de la Fiesta de la Hispanidad, con el Rey, parte de la Familia Real y varias autoridades en los palcos de la presidencia. No es un disparate sospechar que un error en la programación evitó que la explosión se produjera en el momento en que debía comenzar el desfile, ya con Don Juan Carlos en la tribuna.
Se trata sin duda de un nuevo aviso etarra. Los fríos criminales de la cúpula terrorista quieren advertirnos que no van a dejar de actuar ante la reacción del mundo contra el terrorismo. Vienen a decirnos que no les amedrenta el acuerdo de todos los países civilizados para presentar batalla al terror en todos los frentes: el bélico, el legal y judicial y el económico. Ellos seguirán matando, atentando, destruyendo, amenazando. Ya Javier Arzalluz, ninfa Egeria del terror vasco, envenenada fuente del separatismo, se adelantó a manifestar que eso de hacer la guerra al terrorismo no contaba para España. «¿Qué van a hacer? -preguntaba la ninfa nacionalista-: ¿Bombardear Francia?». Arzalluz no desea que el derrumbamiento de las Torres Gemelas alcance, de algún modo, a ETA.
Si fuese cierta la sospecha de que el atentado de Colón estaba pensado y preparado para que se produjera durante la parada militar a pocos metros de las tribunas presidenciales donde se encontraba el Rey, hay que atribuir a los capitostes etarras un cerebro diabólico. El desconcierto y el pánico de la gente habría producido un espectáculo de huida y desbandada con consecuencias imprevisibles pero desde luego lamentables. Y aunque esa sospecha no acertara con la verdad del propósito terrorista, siempre quedaría escrito en la historia del terror vasco este nuevo episodio explosivo al mes del derrumbamiento de las torres de Manhattan. El desafío, no ya al Gobierno español, a España entera, a Europa y al mundo, queda claro. La banda etarra contra todos.
Claro está que estas tres explosiones, dos de ellas en Madrid, son un reto a los que se disponen a luchar contra el terrorismo en el mundo. Pero también es posible y aun probable que sea una reacción empavorecida ante la nueva situación mundial frente al terrorismo en general, frente a todos los terrorismos, contra esta nueva manera de guerra en los inicios del nuevo milenio. Es un reto pero también podría ser el primero de los coletazos que anuncian la extenuación y la muerte de la banda etarra. Cada vez está más claro que los países libres y civilizados de todo el mundo, más o menos democratizados, no van a consentir que el terrorismo obtenga algún fruto político, económico o social por medio de masacres organizadas con el sacrificio de seres inocentes.
El cerco contra las organizaciones del terror no ha hecho sino comenzar. Hasta ahora, independientemente de la lucha directa que lleva a cabo Norteamérica contra esa cueva de terroristas que es Afganistán, sólo se ha producido un acuerdo entre los países para colaborar en la lucha contra el terror. Acabar con la venta de armas a los terroristas, la entrega inmediata de los criminales del terror a los países que han sufrido sus atentados, la persecución y detención de culpables, el bloqueo de las cuentas en las entidades de crédito y la colaboración entre las Policías de los diversos países tiene forzosamente que dar frutos en esa lucha. Naturalmente, sin bombardear Francia.
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