Muere Carlos García Berlanga, uno de los grandes creadores de la «movida»
Carlos García Berlanga, uno de los artífices de la llamada «movida madrileña» murió anoche en el hospital Montepríncipe de Madrid a los 42 años. Hijo del cineasta Luis García Berlanga, falleció anoche como consecuencia de «una larga enfermedad del hígado», según informó su familia, quien pidió a los medios «sepan respetar su dolor y el de sus amigos, así como reconocerle de manera póstuma su contribución a la historia reciente de la música de nuestro país».
MADRID. Su figura nos ha acompañado a lo largo de los últimos veinticinco años. Los historiadores de la cultura española en democracia deberán guardar un lugar de privilegio para quien ha sido nombre imprescindible de la música popular, para quien en los años finales de los 70 se atrevió a reivindicar, en compañía de Olvido Gara «Alaska» y Nacho Canut, algo tan políticamente incorrecto entonces como el punk. La rebeldía, una constante en su vida, le llevó a fundar, en 1978, Kaka de Luxe, una banda de corta pero muy intensa vida, que marcó un hito en el incipiente panorama musical de nuestro país, en lo que vino en llamarse «movida madrileña» o edad de oro del pop español.
A Carlos se le podía escuchar decir que su modelo era la cantante Diana Ross -«yo la imito en todo»- o proclamar por encima de todo su timidez, el temor a enfrentarse al público noche tras noche o a los periodistas: «en las entrevistas ya lo paso mal, en las actuaciones no digamos, me tiemblan las piernas, me pongo uhuhuh y no coordino». Como si la popularidad no estuviera hecha para quien firmó, en compañía de Nacho, muchos de los temas que han formado parte de la banda sonora de las últimas generaciones. De uno de sus éxitos, que se convirtió en tema del verano, «Bailando», comentó: «es una canción super-sutil porque llegó a todos los públicos, al hortera, al moderno y a las mamás».
Luego vendría, junto a sus inseparables compañeros, las aventuras de Alaska y Los Pegamoides y, más tarde, Dinarama, un proyecto que encabezó en 1982 y que acabaría llamándose Alaska y Dinarama. La armonía entre ellos se rompe en pedazos y Carlos, que había declarado que en esa formación se sentía «el último mono del zoológico», decide encaminar sus pasos en solitario. El primer fruto de esa andadura a solas aparece en 1990 bajo el título de «El ángel exterminador», un trabajo que pasó injustamente desapercibido.
No le fue mejor con su segunda entrega, «Indicios», de 1994, con el que se reivindica de nuevo como un extraordinario compositor. En años posteriores llegarían otros títulos, el último de los cuales, «Impermeable», vio la luz en 2001, un disco de pop elegante, con un sonido más acústico y alejado de la electrónica.
Pero Carlos no se limitó nunca a una sola actividad. Además de la música, se consagró a otras pasiones, como la pintura, el diseño o la literatura. En ABC dejó entre 1988 y 1989 numerosas tiras cómicas, del mismo modo que en las hemerotecas se pueden rastrear las ilustraciones que realizó para una revista peculiar, «El Europeo». Como artista gráfico y diseñador, merecería destacar el cartel de la película «Matador», de Almodóvar, con el que también colaboró en el vestuario del film «Laberinto de pasiones».
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