FOTOMATÓN
Rosalía dice 'sí, quiero' a su manera
Es una Madonna con volantes, una Rihanna del quejío, una Beyoncé catalana, y en zapatillas
Perú se inventa a su propia Rosalía al quedarse sin concierto y arrasa

Rosalía y Rauw Alejandro han metido en un video el anuncio de su boda, con lo que el reguetón se cruza de «sí, quiero». Esta pareja no se cansa de inventar. De modo que han reunido la primicia de la boda ... con la primicia de una primera canción juntos. Rosalía ha echado al viento el compromiso de su amor, y antes había echado a rodar la palabra 'Motomami', que es una grata invención donde se aúpa el poderío hembra, y la cilindrada femenina, algo así como una estampida que nombra también el estar de pie de la mujer ante el mundo, ante el amor, ante todo.
El nombre, Rosalía, bello y escueto, romántico y en pie, es otro hallazgo, porque cunde, y funciona, y prende como sólo arden los pseudónimos, que es lo que se lleva en su gremio revuelto, desde Ivi Queen a Maluma. Yo no sé si esto de ir trabajando por ahí, con el futuro marido, es algo que vendrá bien o mal a Rosalía, pero casi yo creo que va a dar igual, porque Rosalía está siempre por ahí, en lo alto, como noticia en sí misma. Tiene la electricidad de una folclórica, y los enigmas de una flamenca.
Es una Madonna con volantes, una Rihanna del quejío, una Beyoncé catalana, y en zapatillas. Rosalía es Rosalía, la sensación de este momento, y de los que vengan. Da conciertos populosos, y reúne en su público a duquesas con Belén Esteban, o Pedro Almodóvar. Para la portada de 'Motomami' salió vestida sólo de casco. Yo veo en ella una Pantoja por la otra punta, por la punta contraria de hacer canciones con algo inabarcable donde están el reguetón, Camarón de la Isla, y un compás que parece pop, pero no es pop del todo.
Las letras ya son un idioma inventado donde da igual la mayor o menor comprensión, porque todo va de chulería, juventud, sexo, y toda la pesca del ahora mismo. Entre lo barroco y lo hortera. Le dio una bendición Pedro Almodóvar, hace ya tiempo, acreditando la modernidad de la cría, pero la cría ya venía muy aupada desde 'Malamente', su hit primero, y último. Cuando lo canta en directo, se incendia el sitio. Si uno mira sus inicios, se aprecia una chica tirando a tímida, que traía el don de lo flamenco ancestral. Pero ya es una voz propia que pudiera abrir boutique con su propia indumentaria. No estamos ante una artista sino ante una estrella.
Rosalía suele estar siempre ahí en medio, y levanta noticia si cambia el color del esmalte, y los bulos le sientan como premios. Lo de la boda no es un bulo, y digo yo que igual que ha hecho un video clip con anuncio nupcial dentro también nos hará una canción con la boda propiamente dicha. Vive en ella una moderna que no gasta volantes, aunque a veces sí, y hasta alguna bata de cola que le queda como un ala de lujo que se hubiera ido a robar en los baúles de las gigantas de tablao.
Usa partituras marcianas, pero pilla flecos en el ropero de Lola Flores. Naturalmente, reúne club de fans, que son una cofradía con el pelo de nudo, la cosmética de after, la braga de gimnasio y una jerga de peluquería de intemperie. Ha logrado Rosalía que quienes la aman pretendan la semejanza con su estampa, donde ella ata una diva que pide hora para la manicura de vampira. Se casa una moderna, con videoclip de «sí, quiero».
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