Vacaciones seguidas o partidas: ¿Qué es mejor?
Una experta explica cuántos son los días seguidos necesarios para beneficiarse del bienestar físico y emocional al romper con la rutina laboral
¿Quién cuida de papá y mamá este verano? La tensión entre hermanos sube de temperatura en vacaciones

Junio, julio, agosto o, incluso, en septiembre... Antes o después llegan las vacaciones y muchos se preguntan: «¿qué es mejor, coger todas las semanas seguidas o repartidas? Lo cierto es que, aunque lo importante es disfrutarlas, hay investigaciones que certifican que el bienestar físico y emocional no se aprecia hasta el segundo día de vacaciones, momento en el que la desconexión va aumentando hasta llegar a su pico máximo en el octavo día». A partir de ahí -asegura Olga Merino, psicóloga y directora de Salud Mental en Avanta Salud-, el bienestar no se implementa, se mantiene. Por ello, es recomendable no coger menos de diez días seguidos».
Matiza, no obstante, que cada persona es un mundo y un cúmulo de circunstancias según el trabajo que tenga, tipo de empresa, si tiene hijos, cargas familiares... por lo que elegir el tiempo de descanso no siempre es posible. «Lo más complicado -añade- es cuando se tienen hijos, ya que muchos padres deben partir sus vacaciones para repartirse el cuidado de los niños por lo que ni si quiera la pareja comparte tiempo junta, lo que puede generar tensiones».
Tensiones que también suben de temperatura cuando la pareja decide, por ejemplo, que uno de ellos se va con los niños a otro lugar de residencia vacacional para que fundamentalmente los niños cambien de aires y disfruten, normalmente del pueblo o la playa. «Si es el padre el que se marcha, por poner el caso, suele ver sobrepasadas sus responsabilidades cuando los hijos son muy pequeños o, incluso, cuando son adolescentes, al no contar con la ayuda de su pareja en este reparto de atenciones. Por su parte, la madre que se queda trabajando puede vivir dos escenarios. Por un lado, puede sentir la liberación de no estar atada a labores como preparación de comidas y cenas, de llevar a los hijos al parque en el caso de ser pequeños, de bañarles, etc., etc. Pero, por otro, es habitual que, si los hijos están en edad de gran demanda de atenciones, ella tenga sentimientos de culpabilidad por estar lejos y no poder dárselos, y una gran carga emocional por echarles de menos».
Las dos opciones son muy comunes dependiendo del perfil de madre o padre que se sea y del sentimiento de apego. En cualquier caso, Olga Merino recomienda a estas personas que «vivan el momento y saquen partido a lo que les toca vivir. Centrarse en el aquí y ahora. Que piensen que es una circunstancia temporal y que pongan el foco en descansar al máximo en cada situación, ya sean 10 días las vacaciones o 20. No podremos elegir las cartas de la baraja, pero sí cómo repartirlas. Hay que bajar el nivel de exigencia y dar una oportunidad a la serenidad y la calma».
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También aconseja no agobiarse al estar con los niños. «No es conveniente hacer miles de planes para tenerles entretenidos todo el tiempo porque eso resulta agotador para todos. Hay que tener momentos de no hacer nada, de aburrirse, dormir... y descansar. De desconectar de la rutina y recargar pilas. Y, si se puede, tener la posibilidad de dejarse unos cuantos días libres para disfrutar al final de año. Tener este horizonte siempre hará más fácil la vuelta a la rutina», concluye esta psicóloga experta en salud mental.
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