Padres e hijos
La crisis obliga a más jóvenes europeos a vivir con sus padres
El 48% de los jóvenes de entre 18 y 30 años siguen viviendo en casa de sus padres

La crisis ha hecho que más jóvenes europeos tengan que seguir viviendo con sus padres, pierdan confianza en las instituciones, pero a pesar de ello se sienten más felices en general que las generaciones de más edad. El reflejo del desempleo que ha generado la recesión económica en toda Europa está afectando claramente la percepción de la vida y el futuro para millones de jóvenes, que ven cómo se retrasa el momento en el que podrían empezar a construir su propia vida.
El informe que acaba de publicar la agencia europea para el estudio de la sociedad «Eurofound» y que abarca a los 28 países miembros de la UE revela que desde 2011 el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 30 años que siguen viviendo en casa de sus padres asciende ya al 48 %, es decir, unos 36,7 millones de personas, en paralelo al aumento de los niveles de precariedad como consecuencia esencialmente del desempleo.
En realidad, el estudio demuestra que este fenómeno no afecta solamente a los países del arco mediterráneo a los que más ha afectado la crisis, sino que pocos países son inmunes. En lugares como Suecia, Dinamarca, Francia, Bélgica y Austria, relativamente menos afectados por la crisis, ha aumentado el porcentaje. En Italia, casi cuatro quintas partes (79%) de los adultos jóvenes viven con sus padres. Sin embargo, Alemania, Países Bajos y Reino Unido registraron descensos en esta misma proporción. Incluso en Irlanda, uno de los países rescatados y sometidos al control de la troika, también ha disminuido.
Anna Ludwinek, coautora del informe cree que el estudio demuestra que «la situación de los jóvenes ha cambiado y es completamente diferente a la que vivieron sus padres y abuelos». Según el estudio no se trata solamente de la percepción del mundo del trabajo, sino que ya se puede hablar de una mutación en la estructura de la sociedad y la forma con la que los jóvenes perciben el entorno en el que viven y el modelo en el que piensan que van a desarrollar su propia vida. «No ha cambiado sólo el mundo del trabajo, sino que la sociedad está cambiando de modo que las transformaciones que afrontan los jóvenes son cada vez más impredecible, las personas no tienen un trabajo de por vida ni un lugar para vivir de por vida».
En algunos países se piensa que la convivencia de padres e hijos de hasta 30 años es una muestra de solidaridad intergeneracional, pero en la mayor parte de los casos en la percepción de los que se ven obligados a retrasar la edad de la emancipación, pesa enormemente el hecho de que esta situación está asociada a altos niveles de desempleo, pobreza y exclusión social.
Jóvenes más satisfechos
A pesar de ello, en términos generales, los jóvenes parecen sentirse más satisfechos de la vida que sus propios padres. Según el estudio, las nuevas generaciones pueden soportar mejor las privaciones moderadas (no poder comprar muebles, no poder invitar a amigos a cenar, o no poder irse de vacaciones), mientras que resisten peor a las carencias de comida, de calefacción o de posibilidad de comprar ropa nueva.
En general, el gran factor que distingue a los jóvenes de las generaciones anteriores es su mayor grado de sociabilidad. Gracias a las nuevas tecnologías, el teléfono móvil y las redes sociales juegan un papel fundamental para la vida social de los jóvenes, que tienen muchas más relaciones con amigos que sus padres lo que, según el estudio, contribuye a una percepción mucho mejor de la propia vida. Por el contrario, los jóvenes tienen ahora tendencia a confiar menos en las instituciones que antes de la crisis.
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