Alianza de conveniencia
El diseño de vestuario de una película no siempre despierta la atención que merece, salvo cuando una gran firma participa en un rodaje. La presencia de Rodarte en «Cisne negro» es la más reciente y polémica alianza entre cine y moda

Entre las polémicas más encendidas de los Oscar 2011 hay una que ha incendiado los Twitters de los profesionales de la moda. Las protagonistas son Natalie Portman, las diseñadoras de Rodarte y la estilista Amy Westcott, hasta ahora una gran desconocida por la mayoría de los periodistas del sector. Y el objeto de controversia es la película «Cisne negro» (que protagoniza Portman), pues entre sus nominaciones no se encuentra la de mejor diseño de vestuario. La comunidad de la moda estaba indignada. ¿Cómo podían ningunear a una firma de culto como Rodarte cuando había participado en el rodaje? Y fue entonces cuando salió a la luz que las hermanas Mulleavy tan sólo habían creado siete de las decenas de vestidos de bailarina que aparecen en el filme. La verdadera responsable del vestuario es una indignada Amy Westcott, quien también ha trabajado en «El luchador».
Por influencia de Portman
Westcott contó con Rodarte por insistencia de la propia Natalie Portman, incondicional de sus diseños (más de una vez ha lucido sus complicadas creaciones) y asidua a la primera fila de sus desfiles en la Semana de la Moda de Nueva York. Cuando se dice «contar con» no equivale a «se le encargó», así que, en este caso, la «colaboración» se transformó en la «elaboración» de la totalidad del vestuario. Amy Westcott se ha quejado de la agresividad del departamento de prensa de las diseñadoras, que ha hinchado su contribución real a «Cisne negro».
La realidad es que el vestuario fue elaborado por el equipo de Westcott con la ayuda de Zack Brown, un experto en ballet. Y es que sus estilistas invirtieron muchas horas hablando con bailarines profesionales y acudiendo a ensayos del American Ballet Theatre y The New York City Ballet para estudiar el movimiento de la ropa, las texturas y la funcionalidad que debían tener las prendas.
Incursiones muy rentables
Los directores y los actores son muy conscientes de que para que funcione un personaje hace falta más que una buena interpretación. En muchos casos, el maquillaje, la peluquería y la ropa son fundamentales para que el actor se sienta transformado y el espectador se lo llegue a creer. Si antes las colaboraciones entre moda y cine eran más esporádicas, ahora las firmas empiezan a ver cómo sus incursiones pueden convertirse en una buena manera de publicitar su marca. A su vez, el diseño de vestuario puede cobrar más importancia. Así, todos ganan... quizás un Oscar.
Pero no siempre son las actrices quienes reclaman una firma. En ocasiones, a raíz de usarlas durante los rodajes , descubren marcas y se hacen incondicionales de ellas. Es el caso de Ferragamo, legendaria casa italiana de calzado que lleva años colaborando con los estilistas de Hollywood. En «The tourist», por ejemplo, Angelina Jolie aparece con unos zapatos que Ferragamo creó para ella en colaboración con Colleen Atwood. El modelo se llama «Elise» y fue elaborado en dos alturas de tacón, así como con plataforma y sin ella, para que la actriz los utilizara dependiendo de la escena. Tan contenta se quedó Angelina, que ha seguido luciéndolos en los photocalls .
A lo largo de las décadas, la alianza entre el cine y la moda ha dado resultados prodigisosos: Marlene Dietrich vestida de Dior, Catherine Deneuve calzada con unos Roger Vivier o Tilda Swinton, impecable de Ralf Simmons para Jil Sander en «Io sonno l'amore». Sin embargo, el diseño de vestuario sigue siendo uno de los grandes olvidados a la hora de su reconocimiento en el cine. Puede que gracias a la polémica de «Cisne negro» esta categoría cobre mayor interés en la próxima entrega de los Oscar, aunque ni Wescott ni Rodarte estén nominadas.
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