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Las «liebres» de la aristocracia británica piden una ley como la española

Llaman así a las hijas rebeldes de familias nobles que piden el fin de la discriminación de la mujer en los títulos

Las «liebres» de la aristocracia británica piden una ley como la española Sarah lee

borja bergareche

Cuando nació el año pasado el Príncipe Jorge de Cambridge , Liza Campbell sintió un «pinchazo de decepción». Tenía esperanza de que una posible primogénita de los Duques de Cambridge pudiera reinar simplemente por nacer primero, y no como Isabel II, que llegó al trono debido a una «sequía de hombres de sangre real», según explicaba recientemente esta artista y escritora de 54 años, segunda hija del sexto conde de Cawdor. Campbell es una de las principales impulsoras de un proyecto de ley, en tramitación en las dos cámaras del parlamento británico, para poner fin a la histórica discriminación contra las mujeres en la sucesión a los títulos nobiliarios británicos.

Tras el anuncio del embarazo de la Duquesa Catalina, el gobierno y el parlamento británico se apresuraron en aprobar una reforma legal que elimina la primacía masculina en la sucesión al trono . El nacimiento del Príncipe Jorge hará esperar la entrada en acción del histórico cambio en las normas de la monarquía. Pero su lógica igualitaria es reivindicada ahora por un grupo de aristócratas, hombres y mujeres, que desde mayo del año pasado exigen poner fin a la discriminación de género en la herencia de los títulos nobiliarios y las propiedades relacionadas. «Si se puede conceder la igualdad de género a la Familia Real, es lógico y justo que se conceda a todas las familias, incluidas las 1.000 familias que llevan los títulos hereditarios británicos», exigían en la carta que publicaron entonces en el « Daily Telegraph ».

La campaña está liderada por Liza Campbell, condesa de Clancarty, por Sarah Long, hija del Vizconde de Long y miembro de la Cámara de los Lores, y por el conde de Balfour. Se autodenominan las liebres, después de que Lord Trefgarne, miembro de la mayoría de la clase aristocrática contraria a la reforma, denunciara que la introducción de la igualdad de género en la línea sucesoria al trono hacía «saltar la liebre sobre lo que pasa con los títulos hereditarios». Tras un primer debate el pasado diciembre, el proyecto legislativo va ganando adeptos, aunque incluso sus impulsores son conscientes de que el gobierno tiene otras prioridades. Entre las liebres que firmaron la carta originaria figura Amanda Murray, la hija mayor del barón de Braybrooke. Su padre, el décimo heredero del título, tiene 82 años y un problema: no tiene ningún hijo varón.

No porque no lo intentara: tiene siete hijas, y una octava murió. Cuando él muera, será un primo suyo en quinto grado, Richard Ralph Neville, quien herede el título. Una carambola nobiliaria por imperativo legal que llevó al mismo viceprimer ministro, el liberal Nick Clegg, a mostrar su simpatía hacia los intentos de «abordar el sesgo de género en los títulos hereditarios». La ley en curso, que debe todavía ser sometida a enmiendas y debatida en la Cámara de los Comunes y en la de los Lores , recibe a menudo el nombre mediático de «ley Downton», por la situación similar con la que arranca la conocida serie de televisión, «Downton Abbey».

La Asociación de Títulos Hereditarios ya discutió la cuestión en 2008, pero el debate quedó aparcado. Hasta ahora, la mayoría avala con su silencio el statu quo. Incluso, hasta el punto de preferir que los títulos desaparezcan antes de que sean heredados por una mujer. Su principal enemigo es Edward Lambton, conde de Durham, quien ha acudido a los tribunales ingleses para impedir que sus tres hermanas puedan exigir parte de la herencia de su padre, tal y como reivindican puesto que gran parte de la riqueza familiar está en Italia (un país donde las mujeres tienen derecho a al menos una parte de la herencia). «Las clases altas son crueles», explicaba el año pasado el barón Nicholas Monson, en una entrevista. Tras la muerte de su hijo Alexander, de 28 años, en Kenia en 2012, quiere a toda costa que el título pase a su hija Isabella para evitar su desaparición. Y, por ello, ha firmado la campaña de las liebres por la igualdad.

La «ley Dowton» tiene uno de sus más conocidos promotores en Lord Julian Fellowes, el creador de la serie televisiva. Su mujer, Emma Kitchener, es la tataranieta del conde de Kitchener, uno de los héroes de la Primera Guerra Mundial. Pero el actual heredero del título, un tío suyo, no tiene hijos, por lo que el condado desaparecerá a su muerte. «Creo que es un escándalo que una mujer adulta perfectamente capaz no tenga derechos de herencia», dijo Fellowes en su día. En el Palacio de Highclere, el espectacular escenario utilizado para rodar la serie, su actual propietaria, Lady Fiona, condesa de Carnavon, explicaba a ABC que lo que funciona para la Familia Real no tiene por qué servir para las demás. Cree que «es un debate que debe tener cada familia».

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