La descansada vida del expresidente Felipe González
El expresidente ya ha estrenado su casa en la finca de 49 hectáreas que compró en Extremadura. La ha decorado con sus piedras y muebles de la familia

Extremadura está de moda. «Aquí estamos acostumbrados a ver a personas conocidas; así que Felipe González (71 años) y su mujer ya pasan desapercibidos». Así de sincero se muestra el propietario de uno de los numerosos hostales que hay en Guadalupe (Cáceres). Este pueblo de la sierra extremeña, rodeado de campos y encinas, es el municipio por el que los fines de semana pasan muchos famosos antes de llegar a las fincas donde se evaden del mundanal ruido y de los paparazzi. Desde el marqués de Griñón pasando por Talavante o Isabel Sartorius y el último en llegar ha sido el expresidente Felipe González y su mujer, la atractiva Mar García Vaquero (51 años).
Tal y como ha podido saber en exclusiva ABC, el expresidente del Gobierno terminó hace un mes las obras de la casa que se construyó en la finca «El Penitencial», donde planea pasar cada vez más tiempo junto a su amada. Lo cierto es que todos las personas que han podido visitar las obras de la vivienda, han quedado impresionados. «Cuando llegamos a trabajar, eso era casi un chamizo, una nave de uso agrícola y con cuatro cosas que se han traído ha quedado fenomenal», dice uno de los responsables de las obras. «Han puesto unas piedras por ahí, de esas que tiene Felipe y luego dicen que han traído muchos muebles de ella».
González ha encontrado solaz a sus desvelos en tierras extremeñas. Está en perfecta forma; ejerce de abuelo y cocina para sus familia y amigos. La edad dorada no le pesa, aunque algunos medios publicaran la semana pasada que el expresidente tenía parkinson y que ya había comunicado la noticia a su familia. ABC pudo desmentirlo gracias a su entorno, que afirmó que estaba perfectamente. Ahora, la denuncia que González planea interponer contra los medios que afirmaron esa noticia refrenda lo publicado por este diario.
«Está indignado porque se encuentra muy bien y está en plena forma», dice a este periódico una amiga. De hecho, aseguran que está más que satisfecho con los resultados de su último libro sobre liderazgo y continúa con su trabajo. Además del sueldo que recibe como expresidente, asesora a Carlos Slim, aunque fuentes de su entorno deslizan que González no percibiría una compensación económica precisamente boyante, especialmente, después del fracaso del fondo de inversión que lanzó en 2012. «Mar y él viven una vida relativamente austera». Natural, los tres hijos que el político tuvo con Carmen Romero no han iniciado carreras de éxito, al contrario de los vástagos de Aznar, y en cierta medida dependen de él .
Estilo de vida austero
María, la benjamina de los hijos del político , es la más unida a su padre, la única que acudió a su segunda boda. Madre de tres hijos, se encarga de coordinar las conferencias que da su padre. David, pintor, ha recibido el apoyo de Felipe cuando ha hecho alguna exposición. Pablo, el mayor, no terminó su carrera de Física.
Por otro lado, habría que destacar que el divorcio de González y Romero no fue precisamente amistoso. Felipe se habría visto obligado a desprenderse de gran parte de su patrimonio para satisfacer las exigencias económicas de su ex, que se negaba a concederle la separación. Mar, empleada de banca en La Caixa , -«excelente trabajadora», según sus compañeros- también ha de mantener el piso en el que viven sus dos hijas. Quizás por este motivo, Felipe haya preferido el retiro extremeño al proyecto megalómano que ideó para él Joaquín Torres en Marruecos. «Está encantado con su finca. Es el sueño de su vida; un lugar para estar tranquilo», dice un amigo.
La relación de Felipe González con extremadura viene de lejos, de antes de su carrera política. Porque en Cáceres fue alférez durante la mili. En aquella época conoció la belleza de la sierra cacereña pero no fue hasta sus años como presidente cuando la idea de tener una casa de campo empezó a convertirse en un sueño.
En los ochenta González forjó una amistad con el constructor Joaquín Vázquez, y se convirtió en un invitado asiduo a la finca de éste, «El común». Las veladas en esa casa, a la que Don Juan Carlos ha estado como invitado de honor, la combinaba González con visitas a «Las Cansinas». Propiedad de la Junta de Extremadura, este terreno situado dentro del parque nacional de Monfragüe aún es el hogar de algunos de los bonsáis que al expresidente tanto le gusta cuidar.
Si González tiene casa en Cáceres es gracias a Vázquez. En 2012 fue él quien, después de que Felipe contrajera matrimonio con Mar García Vaquero, le vendió 49 hectáreas de ese campo para que edificara su casa. El terreno, que es una parcela dentro de las 2.000 hectáreas de la finca del constructor, Felipe pagó, en octubre de 2012, 425.000 euros.
Escapadas al campo
Un año después, en septiembre de 2013, Felipe y Mar comenzaron las obras de su casa. Su vivienda más especial, la primera creada para que convivan como familia. Y es que, aunque González se mudó a la casa que García Vaquero tiene en la madrileña calle Velázque en 2008, al poco tiempo de que su relación se hiciera pública, no ha sido hasta ahora que han creado algo al gusto de los dos.
Desde que empezaron las obras, los viajes del expresidente a Guadalupe han sido frecuentes. Según cuentan en el pueblo, desde el pasado octubre el socialista viaja «al menos dos fines de semana al mes» para supervisar la reforma de su hogar. El dato lo controlan no porque González se prodigue por el pueblo -«tiene un perfil discreto», opinan- sino porque viaja con tres escoltas que duermen en dos hostales de Guadalupe.
En el municipio los avances de la edificación han sido vox populi, no siempre se tiene a un expresidente como «vecino» -aunque a su nueva casa se llegue por caminos que no registran los GPS y la dirección no conste ni en el catastro-. «Terminaron las obras hace un mes», aseguran varios locales a ABC. Según se publicó en su día, Felipe y Mar han rehabilitado una vivienda que estaba en desuso y que formaba parte de la finca original.
Fue el propio Vázquez quien en 2012 pidió los permisos para «rehabilitar» y «legalizar» la vivienda. Una vez concedido el permiso, el matrimonio González-García Vaquero ha edificado una casa de seiscientos metros cuadrados distribuidos en dos plantas. Aunque del interior no se conoce nada salvo los datos hoy aportados por ABC: muebles reciclados y el toque de diseño de Felipe.
El expresidente observa desde la lejanía las pugnas por el poder de su partido. Casualmente, el pasado domingo, el presidente comió con Susana Díaz (39 años), ¿una forma de apuntalar su candidatura? Algunas fuentes sostienen que no si bien, como reconocen el entorno susanista, los encuentros son cada vez más habituales.
Cuando en la primavera de 1974 González se hizo la famosa foto de la tortilla (en la que él y varios destacados socialistas comían naranjas), a la presidenta de la Junta de Andalucía le quedaban todavía varios meses para nacer. Pero esa diferencia de edad no ha sido obstáculo para que Díaz no solo se haya convertido en amiga del expresidente del Gobierno, que tiene edad para ser su padre, sino que han entablado una fluida relación y se ven «asiduamente» desde hace ya varios meses. Y Felipe se ha convertido en un seguidor más y testigo del ascenso de la política sevillana que lo reconoce abiertamente: «Aprecio mucho a Felipe González y me encanta escucharle», dice sincera en encuentros políticos.
De hecho, Susana Díaz asegura que le pide «consejo» y le interesa mucho su opinión ya que le considera «un gran presidente» que puede aportarle muchas cosas para su actual trabajo al frente del Ejecutivo andaluz.
Sin embargo, las cosas no empezaron bien entre ambos. Con su afilada lengua, González (que no da puntada sin hilo) soltó un despectivo «soy muy mayor, no la conozco» para referirse a ella la primera vez que le preguntaron por Díaz cuando ésta se encontraba en pleno proceso para ser designada sucesora de José Antonio Griñán (67). Tras escuchar esas palabras, la presidenta andaluza, una mujer lista, fue rauda y decidió arreglar las cosas. Dicen que se puso en contacto con él e inmediatamente concertaron una cita (al parecer una comida).
En ese encuentro, Susana dejó hablar al expresidente del Gobierno y, a partir de ahí, se produjo el feeling entre ambos y la presidenta de la Junta convirtió a González en uno de sus mejores consejeros. Esas comidas se han repetido, ya que se ven asiduamente, unas veces en Madrid y otras donde pueden. Y es que a Susana le gusta escuchar a los que tienen experiencia. No sabemos si el expresidente la invitará a su recién estrenada casa de campo. Quien seguro que ya la conoce es el presidente de la junta de Extremadura, José Antonio Monago (47), el popular y González han protagonizado un acercamiento en los últimos tiempos. Felipe ha acudido a encuentros públicos organizados por el mandatario. Prudente y escuchado por todos, de cualquier lado o ideología, González ve ahora en Susana Díaz un reflejo de él en su juventud. Con los meses sabremos si Felipe invita a Susana a su casa de Extremadura y, lo que es casi más importante, si los bonsáis que le cuidan en Monfragüe encontrarán hogar en «El Penitencial».
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