Un «gin-tonic» en la mesa de la cocina
Con un lápiz y unos folios, Adrià traza el organigrama del nuevo proyecto después de dar la última cena de El Bulli

Acabada la cena , pasamos a la cocina. Sentado en la gran mesa de madera nos espera Adrià para una larga sobremesa en torno a unos gin-tonics , su bebida preferida. Le encuentro especialmente contento, ilusionado con la nueva etapa que le espera . Siempre cargado de proyectos, pensando más rápido de lo que puede hablar, me anuncia que trabajan en una gran exposición sobre la historia del restaurante. Que están rematando el catálogo general, «que acabará en la receta 1.846, año de nacimiento de Escoffier». O que tienen casi a punto un libro que llevará por título «Family Meal» (la comida de la familia). Así se denomina la que toman cada día cocineros y camareros de un restaurante antes de empezar el servicio. En este caso, en el libro se recogerán 31 menús de los que ha comido «la familia» en El Bulli estos años.
Hablamos también de la iniciativa que ha puesto en marcha en Barcelona con su hermano Albert. Son sus niños mimados. 41º es una coctelería donde se sirven los snacks más rompedores . Y al lado Tickets , un e spacio de tapas tradicionales que abrirá en dos semanas . Al hilo del tema, una frase sobre el futuro de la cocina: «Triunfarán los sitios muy especiales o los canallas; se acaba el restaurante tradicional». Le planteo que es una pena cerrar cuando está en la cúspide. Adrià es sincero: «Nuestro formato estaba agotado. Nos quedaba como mucho un año. Además, hacemos un ejercicio de honestidad. Podríamos ganar mucho dinero sin crear, dando de comer a los miles y miles de personas que no han podido pasar por El Bulli en estos años».
Pero eso no le va a alguien a quien, como él mismo dice, le gusta «asumir riesgos». Y además, «lo que nos encanta es crear» . Esa es la idea central del proyecto, un laboratorio de creación e innovación, libre de las ataduras de tener que atender cada día a los clientes. Asegura que van a intentar devolver a la sociedad todo lo que han recibido. Lo harán a través de la fundación que financian él y su socio, Juli Soler. De momento, sin patrocinadores ni socios tecnológicos, aunque serán bienvenidos. Uno de los objetivos es trabajar para restaurantes que no tienen capacidad de crear. Con un lápiz y unos folios, Adrià traza el organigrama del nuevo proyecto . Un taller de treinta personas en el que estarán los actuales jefes de cocina de El Bulli y, también, los sumilleres y los jefes de sala. Con ellos, de manera rotatoria, especialistas de diversos campos.
Los resultados se colgarán cada día en internet, al alcance de cualquiera. Le pregunto qué va a pasar con su equipo en este tiempo. Y lo tiene claro: «Mi regalo son estos dos años para que hagan lo que quieran. Se lo merecen. Al fin y al cabo, ellos han hecho El Bulli». Mientras nos despedimos, saca a relucir la ironía: «A partir de ahora, nuestros colegas nos van a querer más. Ya no somos competencia».
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