Judíos ultraortodoxos en Jaffa, Tel Aviv. (Foto: AP Photo)
El verdadero verano de un israelí pasa por el aeropuerto de Ben Gurión. En pocos lugares hay tanta afición a volar. Uno podría pensar que salen a visitar los lugares en los que estuvieron sus familias, o ellos mismos, no hay que olvidar que Israel es hoy una suma de ciudadanos procedentes de 90 países. Pero la explicación es más práctica: "no hay otros países limítrofes donde ir, no hay otra alternativa que coger el avión. ¿dónde van a ir, a Egipto a ver más piedras. como si tuviéramos pocas aquí", explican desde una de las mayores agencias de Jerusalén. Hasta la opción de Estambul, muy atractiva para los israelíes, ha decaído tras los últimos roces políticos con Turquía.
Los destinos, por este orden, son Estados Unidos, -un circuito favorito Nueva York, Los Ángeles, San Francisco y Las Vegas-, la Europa de Italia, Francia, Alemania y Holanda y Barcelona. "La Costa Brava, -nos precisan-, y no Madrid". Para los más intrépidos, Tailandia es el objeto de deseo, fundamentalmente porque la estancia resulta "muy bien de precio" al cambio. Una curiosidad: muchas familias judías que vuelan piden hacerlo repartidas en aviones separados, "por lo que pudiera pasar", nos explican en la misma agencia.
Para los que se quedan, la solución es simple: agua. Playa mediterránea. Playa en el Mar Muerto. Playa de agua dulce en el Mar de Tiberias. Playas de corales donde bucear en el Mar Rojo, a la vera de la ciudad de Eilat, auténtico epicentro del veraneo israelí. En julio es más barato, y luego se abre la temporada alta, solo para bolsillos pudientes, que dura todo agosto y hasta el Fin de Año judío -el Rosh Hashaná, que cae el 9 de septiembre este año-, e
incluso hasta el Sukot, que terminará 20 días después.
A falta de tiempo (o recursos) para lo uno o lo otro, no hay que apurarse. Las grandes ciudades como Haifa, o especialmente Tel Aviv, ofrecen el apetecido recreo de las terrazas de moda, discotecas con una buena presencia de extranjeros deseosos de pasarlo bien, y, últimamente hasta conciertos importantes. Es de reseñar. En el verano de 2006, año de la guerra con Hizbulá, todos los grupos internacionales suspendieron sus giras, y así siguió la sequía musical, hasta el punto de que surgieron foros ciudadanos dispuestos a juntar su dinero para ver si podían pagar los cachés de algunos artistas para que se atrevieran a venir a tocar al país. Paul McCartney, Madonna, Depeche Mode, últimamente Elton John o David Bowie, han devuelto esas noches en el parque Hayarkon que son la salsa del verano en Tel Aviv.