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Las tormentas de Zapatero

Superada la huelga sin ruptura sindical y con los Presupuestos encarrilados, Zapatero toma oxígeno... pero poco. Sobre su nave zarandeada por los sondeos y una imagen en caída libre se ciernen tres tormentas: la desatada por las primarias de hoy en Madrid, que ha llevado a mover ficha a Rubalcaba y Blanco en torno a una eventual sucesión; la rebelión de los «barones», temerosos de que el secretario general lastre su resultado en las autonómicas, y la necesidad de una crisis de gobierno, que por ahora el presidente reduce a una suerte de riego por goteo. Por primera vez, a Zapatero se le escapa el «tempo»

JAIME GARCÍA

GABRIEL SANZ

José Luis Rodríguez Zapatero no se da por enterado del malestar de los «barones» territoriales, que llevan meses pidiendo un cambio profundo «de nombres y rumbo» en el Gobierno, para no ser los primeros paganos de la crisis con una sangría de votos en las autonómicas y municipales de 2011. Muy al contrario, el presidente del Gobierno estima que la huelga general ha supuesto, en cierto modo, atravesar el «cabo de las tormentas» de la legislatura y entrar en aguas políticas más tranquilas, máxime con los Presupuestos del Estado a punto de ser aprobados con el PNV —«y veremos qué hace CiU tras las elecciones catalanas»—, admiten a ABC fuentes gubernamentales.

Zapatero solo acometerá pequeños arreglos en la «nave» socialista, sobre todo, para recuperar al votante desencantado. Volverá a su discurso de lo «social» tras haber tomado las medidas más duras. Este mes relevará al ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que vuelve a la política catalana marcado por los casi cinco millones de parados y, si Trinidad Jiménez ganara hoy las primarias del PSM, no dejará de ser ministra de Sanidad hasta enero, a fin de aprovechar unos meses más la popularidad del cargo. Zapatero no quiere desvelar hasta pasados los comicios autonómicos la gran incógnita de la legislatura: si va a ser candidato a las generales de 2012. Será entonces cuando valore la victoria/derrota frente al PP y si conviene que se marche o se quede. Para entonces ya se sabrá si el adiós a las armas de ETA es definitivo o una maniobra más de la organización terrorista para perpetuarse, un asunto clave en todo este proceso.

Toda una declaración de intenciones esta estrategia, teniendo en cuenta los mensajes lanzados por los «barones» en los últimos meses y que en vísperas del paro general volvieron a reiterar Guillermo Fernández Vara, de Extremadura, y José María Barreda, de Castilla-La Mancha: «Si tiene dudas», mejor que no repita. «No sé si tiene dudas o no, pero lo mejor es no especular y esperar a que tome una decisión», contestaba, visiblemente incómodo, Manuel Chaves.

En el fondo, todos esperan que diga «sí», a pesar del deterioro que reflejan hoy por hoy los sondeos. Muy poca gente del PSOE se atreve a negarle la posibilidad de presentarse una tercera vez aunque tengan dudas de que pueda remontar. Lo que quieren es «que lo diga». Hasta Tomás Gómez asegura que lo suyo es únicamente un ejercicio en defensa de la «autonomía» del PSM, pero «no hay nadie que defienda a Zapatero más que yo». Diversas fuentes socialistas consultadas por ABC coinciden en que ningún otro candidato es mejor que Zapatero «porque Rajoy frente a él siempre representará el pasado» y porque «un candidato no se improvisa en siete meses», justo el tiempo que tendría su teórico sucesor para prepararse entre julio de 2011 y marzo de 2012. «Lo que hace falta —aclara una de las fuentes— es impulso político y que no espere a después de las elecciones autonómicas para decir que sigue porque la sola duda hace verosímiles movimientos sucesorios», explica un parlamentario regional.

Las quejas de Patxi López

Las palabras de Chaves antes citadas o el «¡Ya me gustaría a mí saberlo!», de José Blanco en el Foro ABC el 19 de noviembre de 2009, son reveladoras de un estado de ánimo que continúa . El siguiente episodio se produjo en un Comité Nacional del PSE-EE antes del verano. Según han relatado a este periódico fuentes de esa federación, Patxi López dijo a puerta cerrada «he nacido en Portugalete, y soy y quiero ser lendakari», en un intento por cortar las especulaciones que, entonces y ahora, le sitúan en buena posición para suceder a Zapatero. Lo que sí reconoció en público un mes después, el 25 de agosto, es la preocupación existente en las filas socialistas porque el Gobierno y el PSOE pueden demostrar «más fortaleza, porque la tienen». «Lo que hace falta es hacerla presente».

En este parón en que anda sumido al PSOE por el rumbo errático del Ejecutivo y, en el fondo, por no saber qué quiere su líder, hasta las primarias del PSM están sirviendo para ajustar cuentas entre los distintos sectores. Ha bastado que los seguidores de Tomás Gómez dejaran caer la especie de que la hiperactividad de José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba en favor de Trinidad Jiménez esconde un deseo de mejorar posiciones de cara a la batalla sucesoria.

Blanco y Rubalcaba lo niegan y acusan a Gómez de minar las posiciones del PSOE y el propio liderazgo de Zapatero con su insinuación, pero lo cierto es que a éste no le gustaron nada, antes del verano, el uso de filtraciones periodísticas sobre la posible crisis de gobierno para tratar de forzar la salida de Leire Pajín de la Secretaría de Organización del PSOE hacia un ministerio; ni tampoco las informaciones que presentaban al vicesecretario general y al ministro del Interior como los «vicepresidentes en la sombra».

De la Vega coge aire

«Movimientos hay», admite otra fuente socialista, y no solo de Pérez Rubalcaba y Blanco. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, ha recuperado parte de la fortaleza mediática que perdió en abril, al convertir Zapatero al ministro de Fomento en «cerebro» de la negociación con los grupos políticos en el Palacio de Zurbano. En un gesto de autoridad, De la Vega destituyó en septiembre a Belén Barreiro como presidenta del CIS y este mismo jueves mismo protagonizaba con Cándido Méndez en los estudios de la Ser la «foto» de la reconciliación.

De cómo quede el escenario político del PSM tras la batalla de hoy va a depender en buena parte la autoridad política del secretario general. Zapatero ha ido suavizando su apoyo explícito a Trinidad Jiménez, que le dejó «demasiado» expuesto ante una posible derrota, según varios «barones». Muchos consideran un desastre la división del PSM. Hoy es el gran día.

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