KISS, sangre y fuego para resucitar el rocknroll

El circo electro-pirotécnico de la mítica banda norteamericana sorprendió como el primer día ante un Palacio de Deportes abarrotado de kiss-maníacos

KISS, sangre y fuego para resucitar el rocknroll ÁNGEL DE ANTONIO

IGNACIO SERRANO

Ayer, hasta los teloneros temblaban de emoción. Y es que Imperial State Electric (súperbanda formada por ex Backyard Babies y ex Hellacopters) compartían anoche algo muy especial con las 18.000 almas que llenaron el Palacio de Deportes: una misma banda sonora de la infancia, un mismo motivo para tocar la guitarra, una pasión irrefrenable por un grupo que durante largo tiempo pisó el acelerador más que nadie. A ellos, igual que a gran parte del público, les voló la cabeza aquel mítico –mitiquísimo- "Alive!" de 1975, y desde entonces no pudieron evitar ir enamorándose de más y más bandas de rock, con o sin maquillaje. El rock le debe mucho a KISS.

No decepcionaron, lo que significa que fue impresionante. Estuvieron todo lo bien que puede estar una banda que se bate el cobre durante cuarenta años dándolo todo por sus fans en cada concierto. Pero no sólo eso. Demostraron que hoy en día faltan agallas. Sí, quizá lo que antes era signo de valía, arrojo y autenticidad, hoy se interprete como egolatría, bravuconería y esnobismo. Pero pardiez, hay verdades innegables. El rockestarismo antes era espontáneo, vividor. Y estos tipos lo sudan a chorros de un modo tan genuino que uno se arrodillaría para beberlo a borbotones y aprender algo de rock’n’roll.

Que han perdido el norte al menos un poquito se deja ver en detalles como el de proclamar a Lady Ga Ga como la quinta KISS –provocadores, Dios los cría y ellos…-. Pero hacer lo que mejor saben hacer… ah, eso lo clavan.

Saliendo al escenario como en los viejos documentales, cruzando el backstage ante la cámara como verdaderas estrellas, hicieron orgulloso al recién llegado a la “KISS Army” arrancando con una impecable “Modern Day Delilah”, primer corte de su nuevo disco, “Sonic Boom”. Suena “Cold Gin” y los instintos se desatan al comprobar que sigue sonando tan deliciosa como ella misma, y Simmons desata su lengua viperina ante una multitud que graba cada instante en la memoria. Se pelean por sacar la sin hueso más que nadie ante las cámaras –se ve que habrá DVD-, y algunos intentan subirse sobre los hombros del de al lado para rozar al “Demon” con la punta de los dedos. Comienzan los “Oeee, oe, oe, oeee”, y Paul Stanley se revela –qué digo revela, si lo lleva haciendo cuatro décadas- como el frontman total, interpretando y midiendo los momentos como un científico del espectáculo, y sacando notas añejas e inmemoriales de su garganta.

La cosa ya se pone inenarrable si junto a uno se sientan Los Carlos del rock español, Tarque y Raya, dispuestos a compartir sus cervezas ante tamaña experiencia. Se suceden “Deuce”, los fuegos artificiales, “Black Diamond”, la sangre brotando de las fauces de Simmons, “Detroit Rock City”, Stanley abriéndose de patas, el “Demon” volando sobre los focos, y todo sorprende como el primer día. Todavía, verdaderos galácticos de la liga del rock. Handsome Manitoba de los Dictators preguntaba en una de sus canciones: "¿quién salvará el rock’n’roll?". KISS pueden hacerlo durante dos horas al día. Porque, sí, son un circo. Pero dios, qué circo.

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