Amplían el plan policial en Batán por el auge de atracos de menores que llegan de otros barrios de Madrid
La Jefatura Superior de Madrid vigilará desde esta semana, también con motos y Caballería, la zona de Casa de Campo
El centro de acogida se convierte en un polo de atracción de delincuentes de otros albergues para menas de Madrid

A pie, en coches patrulla y, a partir de mañana, también a caballo y en motos. La Jefatura Superior de Policía de Madrid ha dado orden para realizar un refuerzo en la Casa de Campo ante el aumento de robos por parte de menores extranjeros ... no acompañados (menas). Hasta ahora, la vigilancia especial se estaba llevando a cabo, con buenos resultados, en el entorno del Metro de Batán, foco de los principales delitos. Desde mañana, se amplía a la Casa de Campo (donde se radica el centro de acogida) y se incluyen a las unidades de Caballería y los Alazanes (o motoristas), recursos más indicados para patrullar una zona boscosa como es el gran parque forestal de Madrid.
Siete menos cuarto de la tarde del 16 de enero. Una chica de 22 años camina por las escaleras de acceso de la estación de metro de Batán. Va trasteando en su teléfono. De repente, unos menores de origen marroquí la empujan y cae escalones abajo. Los ladrones aprovechan para arrebatarle su móvil, un iPhone 12 Pro, valorado en unos mil euros. Huyen a la carrera. Una testigo se acerca a la joven y la ayuda. Le duele muchísimo una muñeca. Cree que se le ha roto.
La segunda mujer telefonea al 112 y pide ayuda, aportando a la centralita de emergencias las descripciones de los sospechosos, en las que destaca la vestimenta de uno de ellos (habla de tres jóvenes), mientras que del resto solo puede decir que van vestidos de oscuro.
Una patrulla de la Policía Municipal acude rápidamente y en las inmediaciones de la entrada al centro de menas de la Casa de Campo, a pocos metros del lugar del suceso, interceptan a cuatro chicos. La testigo solo puede reconocer a uno fehacientemente. Se trata de un joven de 14 años y también se filia a otros tres, pero no hay pruebas fiables de que estos hayan participado en el atraco. La víctima acaba en el hospital y el chico detenido. Este es el día a día que se vive en la zona de Batán-Casa de Campo, cuyos vecinos llevan años reclamando el cierre de esas instalaciones, debido al repunte de hechos delictivos a manos de estos menores en el barrio.
Robos en pisos del barrio
El colmo, como adelantó ABC, son los asaltos en viviendas registrados por parte de grupos de delincuentes de este perfil que se cuelan en bajos de bloques de pisos para entrar a robar. La Policía Nacional detuvo este 24 de enero a dos menas en pleno asalto a una de estas casas habitadas. Llevaban encima dinero, joyas y un altavoz. Lo primero de valor que vieron por allí.
A raíz de estos y más sucesos, la Jefatura Superior de Madrid puso en marcha un plan de refuerzo con más presencia de patrullas en torno al metro de Batán. Comenzó a funcionar el 17 de enero y, hasta la fecha, no se han registrado más incidentes en el Metro de Batán, afirman fuentes policiales a este periódico; ahora se extiende a la Casa de Campo y con las mencionadas unidades especiales. Se trata de un dispositivo que trabaja especialmente de manera preventiva, pero también reactiva si se detecta algún delito. Lo dirige la comisaría del distrito de Latina (la zona afectada), pero se coordina con los adyacentes de Moncloa-Aravaca y Centro.
Bloquean a chicas en las escaleras del Metro de Batán, las empujan, las dejan heridas y les roban sus teléfonos móviles
El trabajo policial, y más tratándose de menores desarraigados y que están tutelados en centros públicos en régimen abierto, no puede ir más allá. Porque a ello hay que sumar que toda esa área está funcionando como polo de atracción para otros chicos delincuentes de barrios y centros distintos, que acuden a atracar allí, con el 'efecto llamada' que supone la persistencia como recurso de acogida el antiguo albergue Richard Schirrmann.
La Comunidad de Madrid anunció la pasada primavera que el enclave sería clausurado en noviembre de 2022 y volvería a su esencia de origen. Fuentes de la Consejería de Políticas Sociales explican que efectivamente estaba preparado ese cese de esa actividad. Sin embargo, el Gobierno central solicitó a finales de verano el traslado de 30 nuevos menores desde Canarias y Ceuta a Madrid, con un remanente de 1.545.890 euros, por lo que se ha tenido que posponer el cierre. En la actualidad, hay 50 menores extranjeros no acompañados en el centro de acogida de Casa de Campo. El total de menas en la región es de 368, de los 3.800 menores tutelados en total (2.300 con familias de acogida y 1.500 en centros de la Comunidad). Es decir, que son un 9,68%.
Mientras, la afluencia de otros jóvenes de centros de barrios distintos de Madrid es una realidad. Este mismo miércoles, la dirección del recurso telefoneó a la Policía Municipal al saber que tres menas se habían colado en una antigua caseta, de unos 50 metros cuadrados y de ladrillo, que fue utilizada por los operarios de Parques y Jardines para cambiarse y labores de apero. La puerta y las ventanas estaban cerradas con metal y rejas, pero se las apañaron para entrar por un hueco del techo.
Son los menores extranjeros no acompañados tutelados ahora por la Comunidad de Madrid. Media centena están en el centro de Batán. Suponen el 9,68% de los niños tutelados por toda la red asistencial de Políticas Sociales.
Se trata de una construcción en la que, por dentro, pueden verse mantas y una enorme mancha de sangre, además de estar llena de excrementos y todo tipo de basura. Los menores fueron interceptados y sacados de allí. Estaban fumando drogas, según fuentes policiales. Solo uno era del centro de Batán, de 15 años. Otro de su edad está custodiado en el de Pinar de San José (Cuatro Vientos); y el más pequeño, de 14, se había ido del piso tutelado de Villaverde donde vive. También llegan desde recursos como los de Hortaleza y San Blas.
El problema añadido es que muchos de estos atracadores ya ni siquiera son menas, porque han cumplido los 18 años y han quedado fuera de cualquier medida de protección pública. «Se trata de un problema de raíz social, de falta de recursos», inciden fuentes policiales, que recuerdan, con todas las reservas, a la problemática de las bandas latinas: son jóvenes, muchos menores, que carecen de una red de ayuda familiar, educativa y cultural para socializarse.
Asaltos a la escuela taurina
La escuela taurina El Yiyo, en la venta de Batán y de titularidad municipal, es otro de los lugares donde estos menas (se trata de un grupo de entre 10 o 20, no son la gran mayoría) hacen de las suyas. Bien lo sabe su guardesa, Lidia Menés: «El martes, encontramos una chaqueta entre los arbustos. Porque lo que hacen es cambiarse de ropa en cuanto cometen un atraco, para que no les identifiquen por la ropa. Por aquí pasan todos los días. Hay un efecto llamada desde otros centros. En el metro, cualquier día, puede ocurrir una desgracia», y explica el 'modus operandi': «Van en un pequeño grupo de cuatro. Uno deja la puerta exterior de la estación encajada, un poco abierta, para que puedan huir rápidamente, y se queda vigilando. Los otros entran a atracar. Dos se colocan en la escalera, cada uno a un lado y un cuarto se queda abajo, para avisar de la que puede ser una víctima. Entonces, cuando ésta llega a su altura, la empujan por las escaleras y le roban, para salir huyendo inmediatamente».
Lidia ha presenciado (y grabado) muchos de estos robos con violencia. Una de las víctimas ha sido su prima, «hace tres viernes», cuando «la rodearon entre cinco». «También se meten a solo cinco o diez pasos de mi vivienda, que está donde la escuela. En una ocasión, uno se coló en pleno entrenamiento con niños de 5 a 12 años y le quitó la muleta de torear a un alumno. Estaba todo fumado y había esnifado pegamento. Lo peor es que, además, en ese estado, se te encaran», explica la guardesa.

La caseta donde fueron sorprendidos esta semana tres menores está justo frente al antiguo albergue. Allí también esconden móviles robados y navajas en el restaurante de la escuela taurina. La propia Lidia se ha encontrado esas cosas allí.
Con esta situación, no es raro que haya padres que deciden sacar a sus hijos de El Yiyo. Un ejemplo fue un menor que fue a apuntarse y, al marcharse y pese a ir acompañado por otros alumnos, fue víctima de un atraco en el metro. Además, Lidia apunta la posibilidad de que «se cuelen y roben una espada de matar y quién sabe qué pueden hacer con ella». Desde hace semanas, la Policía Municipal pasa por el centro de entrenamiento regularmente.
Son numerosas las veces que han entrado allí. Recientemente, un grupo abrió «un buen trozo de chapa y se colaron, a las dos y media de la madrugada»: «Por suerte, les vi y huyeron. A mi perro, un mastín, lo han dejado cojo a pedradas. Y también han agredido a los dos caballos que tenemos mi hermana y yo».
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