CULTURA
Sondra Radvanovsky: «La ópera tiene que cambiar; está pasada de época, anticuada»
La soprano norteamericana, que el día 3 inaugura la temporada lírica española en La Coruña, habla alto y claro de su profesión

Lleva en el dique seco desde el 1 de marzo. Fue su último concierto, en Chicago. Debería haber sido el día 13 en Río de Janeiro, «pero una hora antes de empezar cerraron todo el país y cancelaron». Sondra Radvanovsky romperá su silencio lírico ... el próximo 3 de septiembre en La Coruña , en la apertura de la temporada operística española, y unos días antes de que cante junto a Piotr Beczala en el Liceu, donde recogerá también el premio a la Mejor Intérprete del curso 18-19 que le concedió la Asociación Ópera XXI. Estos cinco meses de forzoso parón los ha dedicado a reflexionar sobre su profesión. «No creo que la ópera vuelva a ser como antes». Y lejos de ser un lamento, es un anhelo ardiente.
«La ópera ha necesitado una pandemia para ver que el sistema no funciona» , asegura en una entrevista con ABC desde su casa a las afueras de Toronto. «Es una manifestación artística anticuada y pasada de época», y «espero que encontremos una nueva forma de arte cuando regresemos». ¿Aplicar, por ejemplo, lo que reclama el movimiento #MeToo? «¡Absolutamente!», sostiene, «pero también hacerla más diversa, no solo en la concepción de las mujeres sino de las personas de color», avances que ve más adelantados en Europa que en Norteamérica. «No quiero que la ópera se muera como manifestación artística porque hemos sido incapaces de modernizarnos».
No obstante, hace un inciso al ser preguntada por las acusaciones de acoso de varias intérpretes femeninas que rodean a Plácido Domingo , y que lo han expulsado de facto de los escenarios norteamericanos. «Quiero mucho a Plácido y personalmente no he visto nada de eso que se denuncia». Radvanovsky conoce al tenor español desde que ambos cantaron «Cyrano de Bergerac» en 2005 en el Met. «Pero soy mujer y no puedo desacreditar a ninguna de las denunciantes». No obstante, «en ocasiones estas denuncias se convierten en cazas de brujas . Toda persona tiene derecho a ser considerada inocente hasta demostrarse su culpabilidad, y dudo que Plácido haya tenido ese lujo».
Radvanovsky pide acabar con la imagen de la ópera como «un arte para gente pudiente». «¿Quién puede pagar los 450 dólares de un patio de butacas de la Metropolitan Ópera de Nueva York?», se pregunta. «Las audiencias de los teatros cada vez tienen más edad, y si no facilitamos que vengan los jóvenes, que son el futuro de la ópera, se irán a otro tipo de música». Abaratar costes pasa por bajar cachés de cantantes. «Absolutamente», añade.
«Los cantantes somos animales escénicos, necesitamos tener al público delante, y esa interacción social ha desaparecido»
No esconde su preocupación por las dificultades que están atravesando muchos compañeros de profesión, ahora que los teatros llevan casi medio año cerrados, y en América amenazan con no reabrir hasta enero. «Algunos están buscando trabajos de lo que sea para pagar sus facturas» . A varios de ellos les ha dado voz en el canal de YouTube que ha abierto junto a su amiga Keri Alkema. En «Screaming Divas» entrevistan, sin pelos en la lengua, a cantantes, responsables artísticos o médicos. En una reciente entrega, el bajo Bryn Terfel reclamaba «unidad» de los cantantes para organizar una gala con la que recaudar fondos y sostener a los que peor lo están pasando. «Todos nos sentimos igual, no sabemos cuándo podremos volver y qué seguridad habrá para todos». No cree que esa tranquilidad llegue hasta que se extienda una vacuna. «Es incalculable el daño que está sufriendo el sector», no solo económico sino también «psicológico». «Los cantantes somos animales escénicos, necesitamos tener al público delante, y esa interacción social ha desaparecido» , lamenta.
Y si las medidas de seguridad exigen distancia social entre los cantantes, ¿va a cantar Aída a dos metros de Radamés? «Será extraño, pero mejor eso que nada» . «La ópera, en mi opinión, exige una suspensión de la incredulidad. Los cantante creamos una atmósfera a través de nuestra voz, de nuestros movimientos en el escenario», afirma, «estaremos a dos metros, pero si yo verdaderamente creo que estoy enamorada del personaje del tenor con el que canto, esa emoción llegará al público». Se regresa entonces al eterno debate de que cuánto en la ópera es canto y cuánto es escena. «He experimentado óperas en concierto emocionantes, porque los intérpretes pudimos conmovernos con lo que teníamos dentro y no con lo que otra persona —es decir, un regista— nos decía que teníamos que hacer».
Una carrera de 30 años
Sondra Radvanovsky luce a sus 51 años –porque la soprano hace gala de su edad– una condición vocal excelente, y tiene por delante contratos hasta 2027. Tras ella, una carrera de más de tres décadas por los principales teatros del mundo en la que fue poco a poco escalando, y con un trampolín decisivo en el programa de Jóvenes Artistas del Met neoyorquino, la que considera su casa y donde ha cantado la inmensa mayoría de sus papeles operísticos. «No pude haber soñado una carrera mejor» , admite, «estos meses de parón me han permitido pensar y reflexionar como nunca antes, replanteándome todo lo que he conseguido, lo afortunada que he sido».
«Hay mucho de suerte, de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno», pero también «mucho trabajo y sacrificio». «Yo trabajo constantemente mi voz y mi técnica» frente a otros intérpretes «que consideran que, llegados a un nivel, es suficiente». «Soy consciente de que mi carrera puede terminar cualquier día» , y por eso intenta cuidar su voz con la elección de repertorio. Mientras la trayectoria de la mayoría de sopranos va de papeles ligeros hacia roles más pesados, el de Sondra Radvanovky parece elegir la dirección contraria. «He redescubierto el belcanto», un estilo y autores que le obligó a «aprender» a manejar mejor su instrumento para afrontar las coloraturas y el manejo de las dinámicas. «Y es más difícil cuando tienes una voz grande; cantar en forte es fácil, lo complejo es hacerlo suave y con florituras».
«Yo tuve la suerte de trabajar con los más grandes, como Mirella Freni, Regine Crespin o Renata Scotto, una de las grandes influencias de mi etapa de formación. Te sentabas con ellos en una sala a escucharlos, y tenía la picardía de acercarme a ellos y preguntarles cómo hacían esto o aquello, para luego repetirlo en un cuarto de ensayos a ver si me salía. A Caballé le pregunté cómo podía dar esas notas apianadas», uno de los sellos de la diva catalana. «Pero también se aprende de los malos cantantes, sobre todo a no cometer sus errores» .
En 2002 en el Met conoció a Carlos Álvarez, con quien coincidirá el 3 de septiembre en la gran gala lírica de La Coruña. «Me llamaron a mi apartamento para que estuviera en veinte minutos en el teatro. La soprano iba a dejar la función tras el tercer acto y yo tenía que meterme en su vestuario, que estaba todo sudado. Casi sin calentar, canté el aria y me encontré con el barítono. "Hola, soy Sondra"; "hola, yo soy Carlos"». Ahí comenzó una amistad que se reforzó con un duro lance que ambos atravesaron: cirugía en la garganta que puso en riesgo su voz. «Qué cantante, qué señor», destaca del intérprete malagueño, «es la epítome del barítono verdiano».
No todo son grandes teatros. En España, por ejemplo, debutó ese mismo 2002 en Bilbao, cantando «Il Trovatore». Eligió Oviedo para debutar «Norma». También se la escuchó en Las Palmas interpretar «Lucrezia Borgia», o «Cyrano» en Valencia, y solo una enfermedad le impidió debutar en Madrid junto a Domingo con este título. «Debo ser un poco de la vieja escuela porque me encanta probar papeles en teatros pequeños. Si solo cantara en grandes teatros, como hacen algunos colegas por decisión propia, me perdería una parte importante del mundo» .
«A veces, denuncias como las de Plácido Domingo acaban convertidas en cazas de brujas. Yo personalmente no he visto nunca nada»
«Esto nos devuelve al debate de que la ópera no debe ser elitista», apunta, «yo no solo quiero cantar en grandes escenarios, sino que me gusta compartir mi don en los teatros pequeños donde hay gente maravillosa». Se reconoce «enamorada» de España ahora que está a punto de desembarcar en La Coruña, «una ciudad preciosa , una pequeña joya que no tiene nada que ver con lo que conocía hasta ahora» de nuestro país. Esta forma de ser coincide con su deseo de «no ser una diva». Radvanovsky representa el tipo contrario.
¿Retirada?
Abierta en canal, la soprano admite que llegó a plantearse la retirada durante este parón forzoso. «He llegado a preguntármelo, si debía dejarlo y dedicarme a la enseñanza». «Afortunadamente, tengo a un puñado de personas de confianza que me hablan con franqueza, y en su opinión estoy cantando mejor que nunca. Pero me dirán cuando no sea así. Es necesario tener gente que te diga la verdad, porque todo lo demás son mosquitos zumbando a tu alrededor» .
«Mirella Freni me aseguró que el público sabe cuándo te subes al escenario por dinero o por amor a lo que estás cantando. Se necesita una conexión emocional con esta profesión». Eso es lo que va a llevar a la soprano a añadir unos pocos papeles nuevos a su ya extenso repertorio. A la vuelta de la esquina, la Lady Macbeth y la Odabella del «Attila», ambas de Verdi. «Me encanta la Lady, es una malvada intrigante y astuta, todo lo contrario que yo y por eso la amo». No descarta, una vez escalado este «Macbeth», atreverse con la Abigaille del «Nabucco» e incluso «Turandot».
Se reconoce como amante de los roles verdianos, de los que lleva asumidos una decena. «Cantándolos he encontrado mi hogar, soy una cantante que necesita retos y Verdi me los exige . Creo que incluso me habla al oído mientras duermo». Entre unos y otros, las grandes reinas donizettianas, Maria Stuarda, Anna Bolena y la Elisabetta del «Roberto Devereux», con las que irá a final de año al Liceo, con permiso del Covid-19.
Noticias relacionadas
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete