Fraga entrega las medallas Castelao, un reconocimiento de la excelencia cultural
SANTIAGO. El presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, entregó ayer las medallas Castelao, 2003, los galardones con los que el Gobierno autónomo reconoce la excelencia cultural y social y la contribución al engrandecimiento de la realidad de Galicia, en un acto solemne en el que destacó que los premiados «son personas que se hicieron a sí mismas, con esfuerzo y tenacidad».
El jefe del ejecutivo autónomo precisó que los premiados destacaron en nueve profesiones completamente diferentes, para argumentar que «nos proporcionan muy buenos ejemplos de conducta ciudadana que imitar. Las medallas Castelao de este año demuestran que ahora abundan en Galicia personas destacadas pertenecientes a casi todas las profesiones y bien preparadas para resolver cualquier clase de problemas. Son una prueba directa de la riqueza funcional de nuestro pueblo».
Los premiados con las medallas Castelao 2003 fueron la arquitecta Elena Arregui; el ocho veces campeón del mundo de vela Pedro Campos; la pianista y directora del Conservatorio de La Coruña, Natalia Lamas; la escritora Xosefa Casalderrey; el historiador Antonio Eiras; el escultor Manuel Mallo; el empresario Andrés Quintá; el catedrático Gonzalo Rodríguez, y la presidente de la Asociación Provincial de Padres de Minusválidos de Lugo, María Concepción Teijeiro.
En su intervención en el abarrotado salón de actos de SanCaetano, Manuel Fraga subrayó que Galicia está alcanzando, desde que goza de su autonomía política cotas de progreso técnico, renovación económica, desarrollo social y esparcimiento cultural que no se conocían desde el siglo XVIII. «Una de las principales causas de ese éxito estriba en que muchas personas como la que hoy homenajeamos cumplieron con su deber de forma extraordinaria».
Lucha contra el «Prestige»
Antonio Eiras, que habló en nombre de todos los premiados, puntualizó que las medallas Castelao «pertenecen también por extensión a todos los que hicieron posible la recuperación, el milagro de que el pescado gallego vuelva a ser fuente de salud en toda España, y de que Galicia pueda salir incontaminada, otra vez blanca y azul, de los vertidos de un petrolero ajeno, llegado de la mano de la desgracia».
El Cronista General de Galicia desde 1999 destacó «el mérito de la sociedad gallega (cofradías, ayuntamientos, asociaciones de vecinos), la eficacia de la planificación llevada a cabo por las distintas administraciones, bien conjuntadas y literalmente volcadas, y el esfuerzo de los trabajadores del mar para recuperar la pesca y el marisqueo, los centros de acuicultura y las bateas del mejillón, el mercado exterior para nuestros productos, las banderas azules para nuestras playas», para puntualizar que «este milagro lo hicieron los gallegos con la ayuda, la cooperación, el apoyo moral, la solidaridad y la simpatía de muchos hombres y mujeres llegados de todas partes de España».
El catedrático compostelano recurrió a su carácter de historiador especialista en demografía para subrayar que «hoy la emigración gallega es por el contrario inmigración de retorno. La Galicia actual exporta magistrados, ministros, abogados, catedráticos, pianistas, arquitectos, escultores y pintores, deportistas de élite, diseñadores y creadores de moda, empresarios de la construcción y de la confección, empresarios y empresas de tecnología punta , médicos en los hospitales de Madrid o de Barcelona, investigadores y profesores en las universidades públicas y privadas de toda España, financieros y presidentes de consejos de Administración».
Eiras que enumeró problemas como el del retorno, el envejecimiento de la población o el cambio en las estructuras familiares, concluyó su intervención recordando que «la prosperidad de un pueblo sólo se sostiene con espíritu de laboriosidad y de sacrificio razonado. Ahorro, laboriosidad, productividad son cosas que a los gallegos nunca les metieron miedo, ni en su tierra ni en la emigración».
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